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Sábado 21 Agosto, 2010

La burocracia que todo lo dificulta en Costa Rica

A cada rato ocurren sinsentidos y situaciones descabelladas en las oficinas públicas de nuestro país; todo por culpa de la maraña de leyes, reglamentos, disposiciones, criterios y actitudes indiferentes de los burócratas ante las necesidades de los administrados.
Parece que a estos ejecutores de las leyes que fueron creadas para ordenar y construir la vida en sociedad y que son llamados en primera instancia, a solucionar los problemas de los ciudadanos ante la administración nacional, los invade un temor espantoso a la hora de resolver y por eso no hacen nada si no cuentan con 20 firmas tras sus decisiones.
El colmo de la burocracia lo experimenté uno de estos días en la Dirección Nacional de Notariado. Me correspondió llevar un documento para autenticar la firma del notario y para mi ingrata sorpresa, luego de haberme mojado de pies a cabeza por el inclemente tiempo, la joven que me atendió me devolvió el papel aduciendo que le faltaba el nombre del notario en la nota de pie de página. Le hice ver insistentemente que el documento dicho tenia membrete del notario, con su nombre completo, la dirección, los teléfonos, el e-mail; aparte de eso el sello oficial del notario con todos sus datos, su nombre, su número de colegiado, nuevamente dirección del domicilio, dirección postal, correo electrónico, número de celular etc., además el sello blanco con el nombre de quien autorizó el documento (por tercera vez en el papel), además de la firma y el timbrecito que no pueden faltar.
Ninguno de mis argumentos fue válido, el gran pecado que dejó ese documento inválido fue la falta, por cuarta ocasión, del nombre del notario en el documento, esta vez había que poner: el suscrito notario, Perico de los Palotes… etc., como si con los dos sellos con el nombre del notario, quien suscribe el citado documento, también en el membrete no bastara y efectivamente no fue suficiente; había que volver a la oficina del letrado para hacer el documento nuevamente, esta vez incluyendo por cuarta vez el nombre del profesional, ahí, precisamente ahí, donde “la ley” lo ordena.
El argumento de la Dirección me pareció ridículo, luego de la simpática explicación de una segunda funcionaria, papelito en mano, me dio la impresión de que la ley obliga a que el nombre del notario vaya en un lugarcito específico del documento, ni arriba, ni abajo, ni a la derecha ni más allá, debe estar ahí, donde dice la norma, porque una ley o un reglamento como esos miles que nos entorpecen la vida diaria así lo dispone y que viva la burocracia que le roba millones de horas hombre a este país, que viva la legalidad mal entendida que entorpece el avance y las posibilidades de salir de la pobreza a nuestra sociedad que cada día se enreda más en sus propios mecates.
El país no puede seguir por ese camino, la “tramitología” y la burocracia matan antes de que nazca cualquier negocio o inversión. Es agobiante el fastidio de las filas interminables para poner sello tras sello en un papel cualquiera, para cualquier nimiedad, estos vía crucis burocráticos ahogan. ¡Hagamos algo!

Johnny Sáurez Sandí