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Lunes, 10 de agosto de 2020



FORO DE LECTORES


La otra cara de la moneda

Wagner Obando [email protected] | Miércoles 22 enero, 2020

Wagner obando

Los emprendedores de Japón, la Unión Europea y Estados Unidos tienen puntos de vista más amplios a la hora de crear negocios, desde cómo hacer para ingresar al respectivo mercado y de cómo salirse de este de ser necesario; es decir, es más probable que conozcan las famosas barreras tanto de ingreso como de salida; en cambio, en América Latina y el Caribe, los emprendedores tienen perspectivas inacabadas de las ideas empresariales a desarrollar, pues no incorporan en los respectivos análisis los factores que impiden o dificultan el abandono de una industria por parte de una empresa o marca. Tales análisis son parte del conocimiento que se debería tener al iniciar una empresa o negocio.

Estas vistas incompletas se pueden deber a diversos factores, especialmente, al mismo nivel educativo —que, en promedio, es menor en los emprendedores de América Latina y el Caribe—, a diferencia en la calidad de educación en países del primer mundo, al apoyo de las universidades estatales y privadas y a factores culturales. En países como Estados Unidos, Japón y en la misma Unión Europea, los centros de educación universitaria son verdaderos propulsores del emprendedurismo. Les brindan capacitación y apoyo a las pymes para trabajar unidas, para financiarse, hacer investigación y crecer en mercados internacionales. En estos países, lo común es que los emprendedores sean capacitados en las oportunidades y los riesgos que implica emprender, para que sean competitivos y piensen con “cabeza fría” lo que deben realizar.

La presencia de estas barreras de salida, teoría creada por Michael Porter (uno de los más grandes estrategas de empresas de época contemporánea), fuerza a las empresas a lidiar por subsistir, por seguir compitiendo en el mercado —aun incluso con ciertas pérdidas— y las obliga a pagar caro el abandonar la industria en la que trabajan, pudiendo llegar a perderlo todo.

Ejemplo de estas barreras de salida son: la posesión de activos especializados, equipos que difícilmente puedan venderse a terceros, que poseen poco valor fuera de la industria. Los costos fijos de salida son aquellos que deben asumirse inevitablemente al desertar de su actividad, como pueden ser las costosas indemnizaciones a los empleados, la liquidación de las existencias en inventarios de materia prima o producto final.

El reciente detrimento del mercado de trabajo ha sido bastante generalizado en los países de América Latina y el Caribe, su magnitud ha estado determinada en gran medida por la debilidad de la generación de empleo y el deterioro de su calidad. Esto ha puesto de moda al emprendedurismo en los países que integran la región, incluso de cara a esta idea está la dinámica artillería del coaching y del marketing personal; es tema en boga entre los reconocidos motivadores de la “autoayuda”. Se habla mucho de esto en política, es otra muletilla de los políticos, y se presenta inclusive como una opción al desempleo viviente.

El Manual para las personas emprendedoras de Costa Rica, elaborado por el MEIC, es una escueta idea sobre el emprendedurismo y se concentra en enseñar una serie de pasos para constituir una pyme, con lo cual muestra algunas de las barreras de entrada al negocio, principalmente las legales; sin embargo, faltan otras muy importantes, pues son distintas las dificultades que podría encontrar una empresa que tuviera la intención de entrar a competir en un mercado en concreto como son: barreras económicas, necesidades de diferenciación del producto, las economías de escala, entre otras. No ejemplariza ni por visos, dicho manual del MEIC, sobre las barreras de salida que debe tener en consideración un emprendedor para tener una posición más sólida de un negocio que esté por iniciar, la otra cara de la moneda. Por otro lado, considerar las barreras de salida no es pesimismo, es parte del realismo en el ámbito de los negocios y los mercados.

Hoy día, en nuestro país varios desempleados se aventuran a desarrollar un negocio, algo pequeño, generalmente de subsistencia, matriculados con el emprendedurismo de moda. Estos se financian incluso con tarjetas de crédito propias o de algún familiar o amigo, y cuando el negocio no resulta, finalizan peor de lo que estaban, hasta con serios inconvenientes legales, económicos, familiares, con los que antes no contaban. Ni que se diga de los que emprendieron hipotecando o poniendo en garantía, lo único que tenían libre: sus viviendas. Es algo embarazoso emprender, para alguien que está al límite de poder terminar más mal que bien, como resultado de no tomarse en cuenta todos los riesgos inherentes de un negocio, el no poder “blindarse” a tiempo, de no contar con una estrategia, para ponerle fin exitosamente a lo que ya no da para más.

El MEIC no tiene actualmente una metodología para identificar la tasa de natalidad y mortalidad de las pymes, en nuestro país. Se especula que la cifra de las que sobreviven en un mercado concreto es relativamente muy baja y por lo mismo preocupante. Saber salirse de un negocio, analizar todas las aristas posibles antes de ponerlo en marcha, es parte de la filosofía que debe reconocer el emprendedurismo y las pymes. Apoyar en este sentido, desde el espacio público y privado, haría al emprendedurismo más exitoso y hasta más humano. Nuestras políticas públicas, en dicha materia, deben ser mejor elaboradas, en cuanto a que se exponga también con claridad la noción de las barreras de salida. Lo que actualmente hace el MEIC, de solo mostrar una cara de la moneda, no se vale.

Wagner Obando C.

Economista









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