Carlos Denton

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Miércoles 9 Diciembre, 2009


Incubadoras de empresas


Organizar y poner a funcionar una empresa nueva no es fácil; sin embargo cada año en Costa Rica se establecen más de 20 mil entes productores de bienes y servicios. Algunas pocas son el resultado de inversiones grandes extranjeras, empleando centenares de trabajadores, pero la gran mayoría son micro o pequeñas empresas. Verdulería, productora de software, servicio de contabilidad, exportadora de puros, refresquería, soda, fábrica de muebles, no importa cuál es el fin, todas tienen una cosa en común. Hay una persona, o quizás dos o tres, que tienen un sueño y deciden arriesgarse e implementar su idea. En la mayoría de los casos no tienen mucho capital, y posiblemente no entienden bien en lo que se están metiendo, pero están dispuestas a trabajar duro para lograr sus metas.
El país ocupa que este proceso de creación de empresas continúe; constituye la plataforma más promisoria para la creación de la riqueza y un mecanismo importante para mitigar la pobreza. No es eficiente; la mitad de las 20 mil empresas fundadas en 2008 ya desaparecieron, y de las supervivientes desaparecerá el 80% antes de 2013. Pero es indispensable y hay que fomentarlo.
Para facilitar la formación de micro y pequeñas empresas se requieren más “incubadoras.” Existen unas pocas en el país, pero es una lástima que no haya más. Con su creación es probable que más de las empresas nuevas sobrevivieran con el beneficio que ese hecho traería a la sociedad en general.
Se oye a varios de los candidatos políticos hablando del banco de desarrollo como una necesidad, precisamente para fomentar la creación de nuevas empresas, y tienen razón. Pero muchas de las empresas nuevas necesitan más que capital para salir adelante; para eso sirven estas incubadoras. En un modelo de incubadora las empresas nuevas (recién nacidas) operan desde un galerón o edificio por un periodo de 12 a 18 meses. Comparten central telefónica, servicio de contabilidad y de suministros, bodegas, mensajería y reciben asesoría de expertos no solo en el campo en que trabajan sino también en finanzas, la escogencia de personal y otros. Este modelo funciona cuando son productoras de un servicio en común —por ejemplo software— o si están creando un producto nuevo que luego pasaría a ser fabricado en otro lugar. En otro modelo, especialmente si la empresa ofrece al público servicios desde un punto de venta, la incubadora funciona en forma virtual.
Las primeras incubadoras en el país aparecieron en la década de 1970, cuando a unos empresarios con una visión sobresaliente se les llevaban ideas nuevas y estos financiaban y asesoraban a los novatos. En este modelo el financista tomaba una porción de las acciones de la empresa nueva como pago por la asesoría y la facilitación, y cuando ya operaba independientemente vendía sus intereses o compartía utilidades.
Ahora hay una incubadora en el Instituto Tecnológico en Cartago que ayuda a los educandos a encontrar oportunidades en el mercado usando sus ideas y capacidades como parte del servicio y otras dos o tres en zonas francas.
Lástima que ninguno de los candidatos a la presidencia ha adoptado esta idea de las incubadoras como parte de su programa.

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