La rápida adopción de inteligencia artificial (IA) en los negocios está elevando la eficiencia y la automatización; sin embargo, también un entorno de ciberseguridad más complejo, donde los ataques serán más creíbles, rápidos y difíciles de detectar.
De cara a 2026, las empresas deberán operar bajo la premisa de que la información ya no puede asumirse como auténtica por defecto.
Así lo advierten expertos de Kaspersky, quienes prevén que los deepfakes dejarán de ser una amenaza emergente para convertirse en un riesgo estructural dentro de las organizaciones.
La falta de conocimiento amplifica el problema, pues el 70% de los latinoamericanos aún no sabe qué es un deepfake, una brecha que expone a empresas a fraudes por suplantación de identidad, manipulación de comunicaciones internas y ataques dirigidos a áreas sensibles como finanzas y alta dirección.
El impacto será mayor debido a la creciente calidad y accesibilidad del fraude basado en IA.
El audio sintético cada vez más realista permitirá estafas por voz altamente convincentes, mientras que las herramientas de generación serán más fáciles de usar, aumentando los casos de transferencias fraudulentas, manipulación de proveedores y engaños financieros.
A este escenario se suma la ausencia de estándares universales confiables para identificar contenido generado por inteligencia artificial.
Ante la imposibilidad de verificar de forma automática la autenticidad de mensajes, audios o imágenes, las empresas se verán obligadas a reforzar sus propios mecanismos de validación, especialmente en procesos críticos como autorizaciones de pago y gestión de proveedores.
La inteligencia artificial también actuará como un motor transversal del ciberataque. Permitirá automatizar tareas que antes requerían experiencia técnica avanzada, reduciendo tiempos y elevando la sofisticación de campañas personalizadas, más difíciles de rastrear y contener.
Frente a este panorama, la gestión del riesgo no podrá depender únicamente de la regulación. Kaspersky subraya la necesidad de integrar principios de "security and privacy by design" y de formalizar políticas internas de gobernanza de IA.
Decidir qué procesos pueden automatizarse y bajo qué controles será parte central de la matriz de riesgo corporativa.
Para reducir vulnerabilidades, los expertos recomiendan controles de navegación web, gestión estricta de aplicaciones en equipos corporativos y capacitación continua, ya que el factor humano seguirá siendo el principal punto de entrada de los ataques.
“Lo más disruptivo no será solo la capacidad técnica de la IA, sino su impacto directo en la toma de decisiones empresariales”, dijo Claudio Martinelli, director general de las Américas en Kaspersky.