Honduras clasificó tres equipos a los cuartos de final de la Copa Centroamericana, Costa Rica y Panamá dos y Guatemala uno. El Salvador se fue en blanco y Nicaragua no dio sorpresas: Diriangén, Real Estelí y Managua fueron un fracaso y los Verdes de Belice junto a Hércules de El Salvador, comparsas de la competencia.
Lógicamente que para el fútbol costarricense las eliminaciones del Herediano, bicampeón nacional y Saprissa resultaron económica y futbolísticamente catastróficas para los intereses de los dos clubes, fuera también de la Copa de Campeones de Concacaf. Las pérdidas económicas serán monumentales.
Clasificados los ocho equipos a los cuartos de final, se dieron a conocer los enfrentamientos y tocó a los equipos nacionales medirse con representativos catrachos.
Cartaginés enfrentará al Olimpia y Alajuelense al Motagua.
En las otras series: Plaza Amador de Panamá se medirá con Real España y Sporting San Miguelito, también canalero con Xelajú, el único equipo chapín clasificado.
En la última fecha de la etapa clasificatoria, Herediano y Municipal de Guatemala se jugaron un segundo tiempo espectacular, gracias a que la urgencia de ganar el partido mandó la táctica al congelador, para dar paso a la emoción, el orgullo, la técnica individual, la actitud, el compromiso y la motivación.
Enterados de que sorpresivamente Real España, dirigido desde las gradas por Jeaustin Campos estaba goleando a San Miguelito en Panamá, al Team y a los chapines no les quedó más remedio que ganar el partido para tener opción a clasificarse. Los de San Pedro Sula aplastaban 4-0 a los canaleros.
Entonces, los futbolistas de Herediano y Municipal rompieron esquemas, olvidaron sistemas tácticos, dieron paso al corazón y ofrecieron un segundo tiempo épico, abierto, emocionante con seis anotaciones, una más bella que la otra, para terminar el juego 4-4, después de empatar 1-1 la primera parte, resultado que dejó a los dos eliminados.
La obligación de ganar, la urgencia y necesidad de anotar, el saber que empatar no servía para nada, nos lanzó a un segundo tiempo espectacular, donde un equipo anotaba y enseguida el otro le empataba, orgía de citas con la red de infarto, lección de lo hermoso que sería el fútbol si se jugara abiertamente, por amor a la camiseta y no planificarlo como industria, con el fin prioritario de vender talentos para llenarse los bolsillos de dólares.





































