Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 11 Agosto, 2010


Hay que renegociar


La realidad es que hay que renegociar las concesiones del Aeropuerto Juan Santamaría y de la Autopista a Caldera de inmediato; no es posible que estas dos piezas importantes de la infraestructura nacional permanezcan por las próximas dos décadas en las condiciones en que se encuentran actualmente. Los concesionarios están cumpliendo con sus contratos, y la necesidad imperante de renegociar se basa totalmente en el hecho de que el aeropuerto y la autopista son obsoletos; ambos fueron diseñados con la perspectiva de necesidades previstas en 1980.
En 1985 el Juan Santamaría fue dotado con seis mangas, aparatos que se usan para permitir a los pasajeros abordar y desembarcar de los aviones con seguridad. Ahora 25 años más tarde funcionan siete mangas, con la promesa de tener dos más para finales del año vigente. Habla el gobierno y el operario de tres “posiciones remotas” adicionales, que es una manera disimulada de decir que los pasajeros serán llevados a los aviones en autobuses a un punto lejos de la terminal, donde peligrosamente (pensar en niños, ancianos, viajeros en sillas de rueda subiendo y bajando escaleras a veces resbalosas) abordarán o se bajarán de las naves. La terminal puede tener servicios de migración ahora más amplios, tiendas bonitas adicionales, pero en lo que tiene que ver directamente con la seguridad y comodidad de los pasajeros y la posibilidad de operar los aviones con eficiencia, está rezagada la facilidad actual. Hay seis veces más vuelos y pasajeros en 2010 que en 1980, y el Estado, con este aeropuerto, no ha logrado responder a las necesidades de los que lo usan.
La carretera a Caldera fue diseñada en 1980 y fue razonable en ese entonces pensar en una que tuviera en mucho de su trayecto solo dos carriles, puentes de ese mismo tamaño y abundantes puestos de peaje donde se cobraría manualmente el monto establecido por su uso. El hecho de que haya actualmente derrumbes en este caso no es el tema de esta breve crítica; sin duda este problema se resolverá pronto. El desafío más importante es que actualmente por el volumen de vehículos que usan la pista, combinado con el hecho de que es muy angosta en varios de sus trayectos y que hay varios puntos de cobro que crean filas de 300 a 500 metros en cualquier fin de semana, no se ahorra ni tiempo ni combustible al usarla. El convenio que tiene Autopistas del Sol con el Banco HSBC (una especie de subconcesión) no es el más adecuado para los usuarios; hay que hacerse cliente del banco y abrir una cuenta de donde se emite la tarjeta de pago. Es incómodo para los que no están con el HSBC. Pero más importante es que hay que reducir el número de puntos de pago, hacer más fácil pagar electrónicamente y sobre todo construir más carriles de la misma carretera. Se requieren por lo menos cuatro carriles en todo el trayecto desde la Sabana hasta el Puerto.
Entiendo que los contratos de concesión son tan complejos, y hay tantos entes estatales que tienen que ver con estos, que hablar de una “renegociación” provocará una reacción de susto en ciertos círculos administrativos del gobierno. Pero hay que hacerlo. Es imposible pensar que Costa Rica permitirá que estas dos concesiones quedarán tal y como están ahora hasta 2030.

Carlos Denton
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