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COLUMNISTAS


¿Hasta cuándo tanto crimen?

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 25 noviembre, 2009



¿Hasta cuándo tanto crimen?


La semana pasada hicimos una encuesta en todo el país y en 17 segmentos de Metro San José tuvimos que enviar guardaespaldas armados para acompañar y proteger a nuestros entrevistadores de la CID/Gallup. En tres de los ellos hubo incidentes con algunos maleantes; tuvimos que evacuarlos sin terminar el trabajo.
Hay tres cosas que llamaron la atención de este acontecimiento. Primero, cada vez hay más territorio nacional que no está bajo control de la autoridad. No es solo en ciertos barrios de la capital donde no existe ninguna prueba de que haya un gobierno; desde la Ciudad de Limón hasta la frontera con Panamá, por Sixaola, y desde Barranca hasta el límite fronterizo del norte, existen miles de kilómetros cuadrados donde llegan las autoridades muy eventualmente. Cuando digo autoridades no me refiero solo a policías, sino a cualquier funcionario, desde el Ministerio de Salud hasta el de Hacienda y ni hablar del Poder Judicial.
Segundo, entre los barrios “peligrosos” visitados, en varios se notó que sí hay personas que “mandan.” El asunto es que no pertenecen al oficialismo. En muchos casos son líderes comunitarios, y en otros probablemente forman parte de las bandas de delincuentes. Los que viven en estos lugares en general no son molestados por los delincuentes — son los de afuera como los entrevistadores de la CID/Gallup quienes encuentran problemas. ¿Cómo es posible que los distintos jerarcas del Ministerio de Seguridad no hayan podido aprender de las experiencias en otros países donde la autoridad ha negociado con los líderes de facto de las comunidades para normalizar la vida de los habitantes? O quizás podrían aprender de lo que aconteció en el mismo país en las últimas décadas del siglo pasado. En la década de 1980 y principios de los años 90 la forma en que Costa Rica logró escaparse de la violencia que azotó al resto de la región fue una combinación de las relaciones excelentes de la policía con las comunidades donde operaban, y unos grupos tipo “swat” formados con la ayuda del Gobierno de Israel.
Tercero, Costa Rica ya no es tierra de paz. Cuando no se pueden visitar tantos barrios sin una escolta armada, ni viajar en autobús con cualquier cosa que tenga valor incluyendo la billetera, ni salir de noche de la casa propia para andar a pie, ni dejar un automóvil estacionado en la calle sin que alguien lo guarde, ni comer en un restaurante que no contrate hombres armados para velarlo, es evidente que se ha perdido uno de los componentes más importantes de lo que ha sido la tradición cultural de este país.
Más de un comunicador ha expresado su asombro de que la seguridad haya surgido como tema de tanta importancia en la campaña electoral que culmina el primer domingo del febrero venidero. Me pregunto si viven estos en Costa Rica. Es tema de campaña porque los votantes quieren una solución viable que les permita dejar de vivir con miedo, escondidos tras las rejas de sus hogares.
Todavía no ha llegado al nivel de ser una guerra civil de menor cuantía, pero si el gobierno (todos sus poderes) que toma posesión seis meses más adelante no establece la supresión de la delincuencia como su máxima prioridad pudiera llegar a serlo.

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