Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 6 Febrero, 2008

Hablando claro

Vilma Ibarra

Nosotros los adultos que nos creemos plenos de facultades, pero especialmente de madurez para opinar con fundamento, tendemos a descalificar a las personas que consideramos muy mayores o demasiado jóvenes o muy niños. Asumimos que sus ideas, consideraciones y posturas ante la vida, no son suficientemente “maduras”. De modo que si se es niño, joven o adulto mayor, la expresión de las opiniones y la adopción de posiciones está tamizada por este prejuicio. Pero si además de todo eso, se es mujer… peor aún.
La diputada Andrea Morales, del PAC, calza como anillo al dedo en esta particular “tipificación”. Tiene “apenas” 27 años recién cumplidos. Dice lo que piensa, hace lo que le dicta la conciencia y también lo que quiere (como ir a una fiesta, al teatro, al tope o salir en una revista) y eso la convierte en una joven estigmatizada aunque haya muchos otros diputados y diputadas que tienen novia o novio, que también van a fiestas, que salen en revistas, e incluso que cantan en karaokes, sin mayor problema. Pero con Andrea Morales es distinto. Porque es “demasiado joven”. A decir de doña Elizabeth Fonseca, Andrea es proclive a las presiones (cosa rara porque la mayoría de los jóvenes actúan totalmente de manera contraria a las presiones). Pero además “tiene ese tipo de personalidad; siempre le gusta caminar al filo de la navaja. Eso le encanta” Es decir, según la jefa del PAC, Andrea Morales es algo así como una deportista extrema de la política.
Claramente doña Elizabeth se ubica en ese rango de edad de los que sí tenemos posiciones sopesadas, maduras, reflexivas… Por eso ahora ya no puede seguir “excusándola” porque la muchacha rayó en la “deslealtad”.
Se equivoca doña Elizabeth. Andrea Morales es contestataria, pero no es una “rebelde sin causa”. Basta mantener con ella una conversación de 40 minutos para comprender que es una mujer de profundas convicciones, que defiende con vehemencia sus ideales y que no está jugando ningún juego de adolescentes. Se rige por el estrictísimo Código de Etica de su partido e interpreta a la luz de sus más acentuados valores los imperativos de su conciencia. No estuvo ni está a favor del TLC, pero defiende el resultado del referéndum como la expresión máxima de la voluntad ciudadana; esa expresión que hizo del PAC una fuerza política que creció como la espuma en un momento en que los ciudadanos necesitábamos volver a creer… pero que ahora lamentablemente va de picada, porque se quedó a la deriva, sin un liderazgo preclaro y una ejecución congruente de sus principios con su acción política. Como una orquesta mal afinada y sin un director diestro.
Se equivoca doña Elizabeth cuando la juzga, pero se equivoca aún más don Ottón Solís cuando intenta enlodar los valores de la diputada con motivos “ocultos” cuando solo ha mostrado congruencia. Por ventura para ella, lo que lleva a su haber como carta de presentación, como hoja de vida, no se “quita” con el paso de la juventud. Por eso, sería un error que eventualmente renunciara a la diputación. Pero, por supuesto, no seré yo, como persona “madura” quien la convenza de que lo debe hacer.