Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 30 Enero, 2008

Hablando Claro

Vilma Ibarra

Nos queda un mes para cumplir con el plazo establecido para aprobar las leyes de implementación para certificar el Tratado de Libre Comercio que se aprobó en el referéndum del 7 de octubre. Y aunque la polémica continúa, parece que por fin va quedando claro que el TLC sí se puede “depositar” pero que —al igual que un cheque posfechado— no se puede “certificar” para que entre en vigencia hasta tanto no se aprueben sus instrumentos complementarios. Y como los milagros son asunto de la fe y no de la política, el Gobierno ha optado por la vía del sentido común al disponer la solicitud de la prórroga ante los otros seis socios del acuerdo, porque en las próximas cuatro semanas será imposible aprobar los ocho proyectos pendientes.
En otras palabras, si en cuatro meses post referéndum, la Asamblea Legislativa tramitó cuatro de las 12 iniciativas, ¿se necesitarán ocho meses más (o acaso nueve por la Semana Santa y las vacaciones de medio periodo) para terminar el largo camino que nos permita darle vuelta a esta página?

Nadie pretende que el Congreso sea una máquina y muchísimo menos que se aprueben cosas más allá de lo pactado. Pero al no poder avanzar con otros importantísimos marcos legales pendientes, se continúa maltratando la expectativa ciudadana sobre la eficacia de sus instituciones democráticas, porque aunque las acciones del Ejecutivo estén ayudando a recuperar esperanzas —y ello es menester reconocerlo, aunque a algunos les moleste—, reitero, aunque exista una percepción de que las cosas caminan bien, esa percepción definitivamente no alcanza al constitucionalmente llamado Primer Poder de la República.

De modo que aunque las generalizaciones son siempre odiosas, hay que decir que los diputados siguen en deuda, porque como cuerpo colegiado no han sido capaces de levantarle la imagen al Congreso, aunque para ello unos utilicen carretillos y otros sombreros de lona, lo que sí constituye señal clara de que están acumulando herramientas para hacer una huerta con todas las de la ley…

En todo caso, volviendo al tema, parece pertinente en estas circunstancias que un grupo de ciudadanos independientes que estuvieron con el “sí” y con el “no” hayan constituido recientemente un grupo de “Defensa del Referéndum” que a decir de un amigo mío es una suma de voluntades para impedir que en Costa Rica el cinismo sustituya al civismo.
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Claro que este comentario les habrá de caer muy mal a algunos que siguen abrazando la vía del boicot a la democracia. Pero eso es inevitable. Porque no me voy a cansar de decir que en Suiza, donde el referéndum tiene siglo y medio de existencia y los ciudadanos hablan apenas de una madurez paulatina de esa herramienta democrática y saludablemente la siguen criticando, a nadie, absolutamente a nadie se le ocurre desconocer el resultado de la voluntad popular.