Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 28 Noviembre, 2007

Hablando Claro

Vilma Ibarra

A cuatro días del tercer referendo de su mandato, el presidente Hugo Chávez está realmente desesperado. Nada le ha dado resultado para desviar —con la efectividad necesaria— la notoria fuerza que ha cobrado la creciente oposición de cientos de miles de venezolanos a su pretendida reforma constitucional, que a decir de los expertos no es una reforma sino una constitución nueva, que deja abiertos los espacios casi para cualquier cosa que quiera hacer: desde convertirse en director de la política monetaria del país al anular la autonomía del Banco Central (una locura de proporciones inimaginables) hasta sustituir “la libre iniciativa por la economía social”, donde una especie de comités patrióticos ostentarán “el poder popular” (que en realidad seguirá siendo de él) para decidir sobre el futuro hasta de las empresas privadas.

¿De qué se trata todo esto? Imposible comprenderlo porque simple y sencillamente no tiene explicación, más que la que se deriva de la mente de este vociferante militar llegado a presidente democrático (porque la democracia es así de imperfecta) por la vía de las promesas, del engaño, de los petrodólares y hasta de la reducción de la jornada laboral de ocho a seis horas; una zanahoria demasiado tentadora que en las cábalas de Hugo Chávez hacía imposible imaginar una posible derrota a su referendo del domingo próximo.
Pero las cosas han estado cambiando en la agitada Venezuela. Los jóvenes universitarios están sacando la cara y el pecho. Uno de ellos murió el lunes en los enfrentamientos de Carabobo y muy a su pesar el mandatario y sus adláteres no pudieron intervenir los recintos de la educación superior como lo pretendieron. La Iglesia acompaña firme a los jóvenes ciudadanos y los empresarios mientras tanto han dado muestras de verdadero heroísmo al permanecer en el país, pese a las amenazas primero veladas y ahora en abierto desparpajo de que se quedarán sin nada… lo cual es absolutamente posible si Chávez gana el referendo.

Pero las encuestas de hoy muestran algo que nunca imaginó el poderoso. Un empate técnico que lo tiene de cabeza y un creciente llamado a votar de quienes no están dispuestos a que Chávez siga acrecentando su ya de por sí desproporcionado poder y su enfermiza obsesión por quedarse al mando, mediante la paradoja de convertirse en dictador por la vía de los votos, algo que teóricamente cualquiera nos puede rebatir, pero que en la práctica es así: dictadura vestida de democracia, de democracia plebiscitaria… hasta que la gente se canse y se está cansando ya.

Y como el escándalo en Chile no le sirvió, ni la reiterada afrenta al Rey de España, ni la reunión de la OPEP, ni el papelón en Francia, ni el abierto enfrentamiento con el presidente Uribe de Colombia, Chávez está en su laberinto… Y si los adversarios se terminan de armar de coraje y salen a votar el domingo, podría perder el referendo… eso si no decide suspenderlo en cualquier momento y por cualquier vía. Pobre Venezuela querida. En época de gaitas navideñas, de ayacas (tamales), pan de jamón, dulce de papaya verde… también tácticas de toda índole —incluidas las balas— para matar la democracia…