Hay futbolistas que dejan títulos. Otros dejan recuerdos. Y unos pocos se convierten en símbolos.
El-Hadji Diouf pertenece a esa última categoría.
Mientras Senegal se prepara para un nuevo duelo mundialista frente a Francia este martes, el nombre del exdelantero vuelve a aparecer en la memoria colectiva.
L’Équipe, en París, lo recuerda con esta semblanza que reproducimos, no solo porque fue una de las figuras del histórico triunfo por 1-0 sobre los franceses en el Mundial de 2002, sino porque su propia vida representa una de las historias de superación más extraordinarias del fútbol africano.
Antes de ser dos veces Balón de Oro africano, antes de jugar en Liverpool y antes de convertirse en un ídolo nacional, Diouf fue un niño que dormía en el suelo de una pequeña choza en Saint-Louis, Senegal.
No había televisión. La puerta de la casa era una simple sábana. Su abuela vendía cacahuetes en la calle para alimentar a la familia.
Aquella mujer que lo crió le dejó frases que marcaron su vida: “Nunca pidas nada. Ve y consíguelo por ti mismo”.
Creció prácticamente sin sus padres, utilizando zapatos prestados para jugar y, en ocasiones, tomando unas monedas del bolsillo de su abuelo ciego para completar el dinero necesario para participar en los partidos del barrio.
Pero incluso en medio de las dificultades, existía una certeza inquebrantable.
“Quería ser el fenómeno del futuro”, recuerda. Y esa confianza desmedida terminó siendo una de sus mayores virtudes.
Con apenas 15 años convenció a un ojeador francés de darle una oportunidad. No fue aceptado en Lens, pero sí en Sochaux. El resto es historia.
En 2002, los Leones de Teranga disputaron su primer Mundial y sorprendieron al planeta derrotando a Francia, entonces campeona del mundo y de Europa.
Este equipo abrió las puertas para las generaciones posteriores.
Hoy, cuando Senegal produce figuras como Sadio Mané, Kalidou Koulibaly o Nicolas Jackson, muchos recuerdan que el camino comenzó con aquella generación encabezada por Diouf.
“Yo ayudé a Sadio, como antes Jules Bocandé me ayudó a mí”, explica.
Ganó dos Balones de Oro africanos consecutivos, conquistó títulos en Inglaterra y Escocia y llegó a compartir escenario con leyendas como Didier Drogba y Samuel Eto’o.
Dos décadas después de aquella histórica noche de 2002 ante Francia, Senegal vuelve a cruzarse hoy con los Bleus en una Copa del Mundo.
Porque algunas leyendas no se retiran.
Simplemente cambian de papel.





































