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Jueves 21 Mayo, 2009


Fallos arbitrales


En todo pleito, litis, contienda o juego donde existen normas, debe existir una figura que vele por su cumplimiento y que garantice la pureza de las acciones y que los participantes actúen dentro de los límites de la ética y la moral.
Si hablamos del Poder Judicial, es un conjunto de personas que haciendo uso de su investidura median en un conflicto de intereses, pleitos o litigios hasta que emiten su veredicto, una resolución judicial, en la cual imponen su criterio, verdad que puede o no coincidir con una o ambas partes pero que al fin será la que prevalecerá. En el caso de la justicia existe la disposición constitucional de una segunda instancia.
En otras actividades, como juegos deportivos, la figura del juez se denomina “árbitro” y es quien vela por la correcta aplicación de las normas, para que se puedan desarrollar las acciones en un marco de respeto mutuo que garantice el espectáculo, ya sea ajedrez, fútbol, básquetbol o cualquier otro. En estos casos, por su agilidad, no existen segundas instancias y las decisiones de los árbitros son “cosa juzgada”, o sea, decisiones que ponen fin a una disputa.
La pureza de una democracia está sustentada en un Poder Judicial impoluto al que todos respetamos, y esa condición, debería ser igualmente respetada cuando de deportes se trata.
Se ha cuestionado la labor de los árbitros, especialmente en el fútbol, poniendo en duda la veracidad de sus decisiones sin considerar que con ello se está exponiendo todo el espectáculo al fracaso y al final, los más afectados serían todos los participantes.
Hay dos tipos de decisiones arbitrales, incumplimientos de una regla por parte de los jugadores, se les llama “fallos de apreciación”, porque son decisiones arbitrales firmes, inapelables y de cobro inmediato; son “sentencias” que dicta un árbitro con base en su criterio y lo que aprecia en la jugada. Otro tipo de fallos son aquellos en que el árbitro interpreta erróneamente una norma, estos errores sí están sujetos de ser cuestionados posteriormente mediante recursos.
Si en el arbitraje existiera segunda instancia se podría reparar una decisión incorrecta, pero dado que es imposible, las decisiones arbitrales deben ser de respeto por los participantes e inapelables.
Los dirigentes, cuerpos técnicos y jugadores, deben aceptar que la figura del árbitro debe ser respetada, que participa únicamente para garantizar la pureza de las acciones, la belleza del espectáculo y la gallardía del deporte, y que sus decisiones se toman con experticia, rectitud y sobre todo, honradez. Cuando se pone en duda la figura del árbitro, se está cuestionando todo un sistema legal y ello podría traer consecuencias muy serias para todos.
El árbitro debe ser resoluto para dar fluidez al espectáculo. Que un árbitro se equivoque en una apreciación es normal, es humano, pero eso no debería ser razón para cuestionar la función que desempeña, la honradez con que lo hace, ni el sistema que lo respalda.

Profesor de estadística
ULACIT