Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 16 Septiembre, 2011


Esto no tiene nombre


Hemos estado haciendo muchas cosas mal y la Caja es un buen ejemplo. Son malas decisiones o actos irresponsables que se han venido acumulando y que de pronto nos caen al rostro. Y mientras estas cosas ocurrían, como diría el poeta, nadie dijo nada.
La Caja de Seguro Social es una de las instituciones más importantes y queridas del país, es una columna fundamental de nuestro bienestar. Por eso, los ciudadanos no podemos estar al margen de lo que está ocurriendo en ella.
Que la masa salarial de la Caja creciera en casi un 90% en el último quinquenio, no sería tan preocupante si va acompañada de un crecimiento similar en la cantidad y calidad de los servicios que presta, pero eso no ha ocurrido ni remotamente. Por eso el déficit financiero de la Caja es un trago amargo.
El informe que emitió la Organización Panamericana de la Salud (OPS) fue claro en señalar que el pago de incapacidades es una de las principales causas de la crisis financiera que padece la Caja.
La sustitución de los “incapacitados” y los beneficios que recibían ha implicado gastos astronómicos. Curiosamente las altas tasas de incapacidad bajaron estrepitosamente al quitarse el beneficio especial que recibía el personal “enfermo”, ahorrándose la Caja decenas de miles de millones de colones por ese solo hecho en solo un par de meses.
Lo más doloroso fue saber que la tasa de muertes en cirugía cardiaca en el Hospital de Niños es tan alta que duplica a países como Uruguay y Colombia, siendo superados por Guatemala. Dice el Director de este hospital que si “uno saca la mortalidad por cirugía cardiaca de los últimos 20 años, Costa Rica está muy mal”.
Veinte años y nadie dijo nada.
Hay cosas que no huelen bien. Desaparecen los talonarios médicos con incapacidades; el Hospital Nacional de Niños, una joya nacional, se declara en emergencia por falla de quirófanos; se descubre un gran negociado de compras de medicinas utilizando la vía de “compras de urgencia”; desastre en pensiones de la Caja. Suma y sigue.
Entre las malas noticias emergen decisiones buenas. Una Junta Directiva de la Caja que suspende a todos los gerentes hasta que se aclaren los nublados.
La Caja es una mega institución que requiere niveles de alta gerencia de muy alta capacidad y responsabilidad. Hay que reconocer a la doctora Balmaceda, presidenta ejecutiva de la Caja, la firmeza que ha mostrado al hacer aplicar el dictamen de la Procuraduría sobre incapacidades.
Los problemas de la Caja son gordos y habrá que bucear profundo. Hay que reconocer que el Gobierno ha tenido y tiene que invertir tiempo y esfuerzo en herencias arrastradas por 20 años. Si los mayores tumores se logran extirpar, será un logro extraordinario de este Gobierno. Hay que rescatar a uno de los símbolos más preciados del país.
Lo que pasa en la Caja no tiene nombre, no solo por los graves hechos que están en el tapete, sino porque los nombres de los culpables siempre quedarán en la penumbra.

Arturo Jofré
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