Han transcurrido 40 años del Mundial México 86 al actual. En aquella Copa del Mundo, inolvidable por las proezas y travesuras de Diego Armando Maradona, que “solito” le dio la corona a la Argentina, hubo un partidazo en cuartos de final entre España y Bélgica, los rivales de hoy en Los Ángeles.
En aquel duelo los Diablos Rojos eliminaron a La Roja en una dramática tanda de penales tras igualar 1-1 luego de 120 minutos. Entonces, la confrontación de este viernes huele a revancha para la Furia Roja, que después de esa derrota, no ha perdido un solo juego frente a los belgas en ocho confrontaciones, incluyendo el 2-1 de la fase de grupos de Italia 90.
Más allá de la historia, lo que hace atractivo este cruce es el contraste de identidades de los dos seleccionados.
España sostiene su candidatura sobre una base defensiva histórica: seis partidos consecutivos sin recibir goles en Copas del Mundo, un registro que ratificó en octavos con el ajustado 1-0 sobre Portugal, resuelto por Mikel Merino en el primer minuto de descuento.
Bélgica, en cambio, llega como el ataque más en forma del torneo: aplastó 4-1 a Estados Unidos con doblete de Charles De Ketelaere y goles de Vanaken y Lukaku, mostrando una potencia ofensiva que no dio tregua desde el arranque.
La defensa menos vencida contra el ataque más encendido, entonces, con 40 años de historia de por medio.
Luis de la Fuente llega a este Mundial con la tranquilidad de dos títulos en el currículum —la Liga de Naciones 2023 y la Eurocopa 2024— y con su contrato ya renovado hasta 2028, algo que le da un respaldo institucional poco habitual.
Rudi García, francés de 61 años, en su primera experiencia como seleccionador absoluto asumió con un objetivo deliberadamente modesto tras el papelón de Qatar 2022: terminar primero de grupo y, a partir de ahí, ver qué pasa. Lo que encontró en el camino fue algo más grande. Este Mundial es probablemente, para los Diablos Rojos, la última función de una generación entera: Kevin De Bruyne, Axel Witsel, Romelu Lukaku y Thibaut Courtois disputan su último gran torneo con la camiseta belga.
El partido enfrenta, en el fondo, dos formas distintas de llegar a un mismo lugar. Además, continuidad exitosa, contra renovación con sabor a despedida.
La mesa está servida.





































