Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 25 Junio, 2014

No deseamos una nueva Guerra Mundial, pero la estamos viviendo desde 1990, en forma similar con los conflictos que generaron la primera. ¿Será posible detenerla?


Pizarrón

El 28 de junio de 1914

El próximo sábado se recuerda el asesinato del heredero al trono de Austria, en 1914, Francisco Fernando, considerado el detonante de la I Guerra Mundial.
Esta guerra fue resultado de una serie de contradicciones y acumulación de procesos que se expresaron en esa primera conflagración mundial, que abarcó exclusivamente territorios europeos. El carácter mundial fue por el involucramiento de países europeos que eran colonialistas, que controlaban casi el resto del mundo asiático y africano principalmente, regiones que estaban en disputa por esos países europeos por el valor de sus reservas naturales, minerales y su carácter estratégico para la industria moderna, surgida de la Segunda Revolución Industrial a finales del siglo XIX.
La guerra en su esencia fue una disputa territorial del mundo, por redefinir fronteras y ejercer el control de las áreas productoras de materias primas, de los mercados de mano de obra barata y de los mercados posibles de colocación de productos elaborados con esas materias y esa mano de obra.
No se puede reducir al simplismo de un asesinato el origen de esa guerra. En la década anterior hubo múltiples intentos de asesinatos de personajes importantes europeos, de gobiernos y de la realeza, hubo conflictos regionales y locales que iban preparando esta situación que explotó el 28 de junio, en similar situación a los conflictos que se dan desde 1989 hasta hoy.
En el fondo del conflicto estaba el naciente imperialismo político y económico en el último tercio del siglo XIX, que como fenómeno de los países industrializados expresaba el nudo de contradicciones por el control de esas regiones geográficas, a cuyo resultado de la guerra se modificaron fronteras, se establecieron nuevos centros y núcleos de poder, y surgieron nuevas potencias hegemónicas como Estados Unidos.
La guerra interimperialista movió a los pueblos a pelear entre sí. El resultado, entre 14 y 16 millones de muertos y miles de poblaciones destruidas.
Al terminar la guerra, el mundo capitalista, dominante hasta entonces, se había fragmentado. En 1917 resultado de la lucha interna en la Rusia zarista los bolcheviques logran el poder y declaran la Primera Revolución Socialista, haciendo surgir desde entonces hasta 1990, un mundo bipolar, caracterizado por dos sistemas sociales y económicos que movieron el avance y el progreso social del siglo XX en sus diversas formas de enfrentamiento.
La lucha por el desarrollo del capitalismo y por el avance del socialismo fueron los ejes de esta dinámica, y en relación a ello la lucha por la desintegración del mundo colonial capitalista, que adquiere su fase más dramática, con la II Guerra Mundial, desde 1939 hasta 1945, y después desde 1945 hasta 1989 cuando la mayoría de los pueblos logran derrotar el colonialismo mundial y este prácticamente desaparece, resultado de más de 145 conflictos armados de Movimientos de Liberación Nacional.
El saldo de estos conflictos: de la II Guerra Mundial, 52 millones de muertos y de la lucha anticolonial, 28 millones de muertos.
No deseamos una nueva Guerra Mundial, pero la estamos viviendo desde 1990, desde la guerra del Golfo hasta hoy, en forma similar con los conflictos que generaron la Primera Guerra. ¿Será posible detenerla?

Vladimir de la Cruz