Digamos que Liberia podía alargar el empate del juego de ida, hasta el final del juego de vuelta y rifarse el pasaporte a la final por el título desde el punto de penal. Era una opción que en el otro escenario no tenía el Cartaginés frente a Saprissa.
Los brumosos, que cayeron en la ida, quedaron obligados a anotar en La Cueva, de ahí el planteamiento ofensivo que ordenó Andrés Carevic, contrario al prudente sistema táctico de Cardozo en La Catedral.
Liberia se atrincheró con un 5-4-1 a soportar el chaparrón de los manudos, resistencia que le duró 40 minutos. Abierta la gotera, la Liga remachó con un segundo gol pocos minutos después y liquidó la serie.
Cartaginés paró un 4-4-2, con Ureña y Venegas en punta, pero con volantes abiertos de perfil ofensivo: Núñez y Batiz, más dos laterales proyectados al ataque: Barahona y Suhander.
Conocidas las intenciones de Carevic, Vladimir Quesada en el primer tiempo ordenó un bloque defensivo superpoblado, que llegó a sumar seis hombres en las narices de Esteban Alvarado, lo que cortó las rutas de ataque de los brumosos.
Poco a poco el Monstruo se fue soltando, adelantó a Escobar, jugó línea de cuatro, Loría se juntó con Sinclair y cuando cayó el 1-0 gestado en un tiro de esquina, la suerte quedó echada para las huestes de don Andrés y Saprissa firmó visa como finalista.
Esta noche se abre el telón de la gran final entre los dos grandes: Saprissa recibe al Alajuelense, serie donde por lo sucedido a través del Apertura y en competencias internacionales, el León se presenta como favorito, aunque en nuestro entorno futbolero sabemos que en una final, el clásico parte de cero. Los antecedentes se archivan y el favoritismo que dictan las estadísticas se entierra.
La única ventaja que tiene la Liga, es contar con una segunda oportunidad de disputar el título, si pierde esta serie con el Monstruo. Si los morados quieren la corona, deben alargar la serie.
Óscar Ramírez y Vladimir Quesada se conocen y respetan; la Liga tendrá que bloquear el talento de Mariano Torres y ver cómo se las ingenia para que la “bola muerta” arma letal del Monstruo, no los fulmine como le sucedió al Cartaginés.
La retaguardia morada, queda obligada a mantener un orden y concentración que impida que esa ofensiva tan alegre, pícara e incomoda del León los muerda.





































