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Jueves, 15 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Economía peligrosa

Luis Alberto Muñoz [email protected] | Viernes 21 agosto, 2009



Economía peligrosa


Aquellos que con los primeros signos positivos en Estados Unidos se han aventurado a decir que el peor descalabro financiero desde 1930 ya se empezó a superar, deben tener cuidado de no atragantarse.
Está claro que un desastre de este tipo no se da solo porque una cosa sale mal. Los errores han sido múltiples y masivos. Por esta razón los problemas estructurales tienen que ser resueltos antes de poder cantar victoria.
Por más que se quiera negar, la realidad muestra que se ha puesto en duda la mayoría de lo que creíamos saber sobre economía.
En esta crisis no solo hubo un estallido de activos, sino que también reventó la reputación misma de la economía como una ciencia capaz de predecir.
Básicamente los principales cuestionamientos son, primero, ¿por qué no se pudo prever la crisis? Segundo, ¿tendrán el conocimiento para sacar al mundo de esta debacle? Y finalmente, ¿podrán dar garantías de que no vuelva a suceder?
Es posible que mucha de la teoría económica sea adecuada y funcione como prisma para ver la realidad, sin embargo el problema es cuando más bien ha sido utilizada como mecanismo de dominio.
Antes de la crisis, esta profesión había estado perfumada de arrogancia, tal vez por el hecho de manejarse dentro de una especie de credo esotérico; ahora tras los fallos masivos ha tenido que llenarse de humildad y aceptar más que el descrédito, su evolución.
Considero que el debate público sobre el papel de esta profesión debe estar centrado en la vulnerabilidad que tiene la economía ante las tendencias ideológicas.
En este sentido un error sería considerar que todo está malo. Por la experiencia sabemos que el capitalismo es imperfecto, pero hasta el momento es mejor que cualquier otra alternativa.
No hay que olvidar que crear riqueza es legítimo, sin embargo se debe hacer de una manera responsable. También es necesario entender que el mercado es vital, pero además cumple con una función esencialmente social.
Tomando en cuenta lo anterior, me parece fundamental que para un verdadero ejercicio ético de esta importante profesión, se debe buscar que en los foros o conferencias que se organicen al respecto en el país, exista una pluralidad de expositores y así poder prevenirnos de caer en los paradigmas espectacularmente inútiles y positivamente dañinos, como los actuales.