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Lunes 30 Agosto, 2010

¿Dónde ponemos la torre?

Tortuoso ha sido el camino para la apertura de las telecomunicaciones. Ahora se agrega una nueva pieza a este intrincado rompecabezas: los permisos de construcción de las torres para las redes de telefonía celular. Nadie pensó en que, al final de cuentas, los operadores requerirían instalar sus torres en los cantones bajo la jurisdicción de las municipalidades que ahora enfrentan un tema para ellas desconocido: las telecomunicaciones.
Existe un vacío normativo para la autorización de estas construcciones que no es posible llenar con los planes reguladores, porque ninguno contempla este tipo de estructuras dentro de la zonificación y modificarlos conlleva un proceso que tarda años. Como si el vacío no fuera difícil de sortear, debe tomarse también en cuenta que la mayoría de las municipalidades del país no cuentan con un plan regulador urbano y no les queda otra que aplicar la Ley de Construcciones y el Reglamento de Fraccionamientos del INVU, los cuales, por haber sido promulgados ya hace varios años, son adecuados para regular este tipo de estructuras. La cooperación entre el sector público y el privado es cardinal.
Hay que ser claros, la construcción de estructuras para telefonía celular no puede ser condicionada por los planes reguladores urbanos locales, zonificación, densidades, etc. ¿Por qué? Por simple física; las ondas del espectro radioeléctrico no distinguen si la zona que están atravesando es de alta o de baja densidad, ni tampoco conocen los retiros previstos.
Por más autonomía municipal constitucional, estamos ante un problema de consecuencias nacionales. Si un municipio decide que no es posible construir una torre en una zona determinada por cuanto dicha obra no es conforme al plan regulador, generaría como consecuencia que miles de personas en su cantón, las que transitan por él e incluso habitantes de otro cantón no puedan comunicarse por sus teléfonos celulares. Una red celular es un intrincado sistema donde si falta una celda celular, torre o enlace, la comunicación puede verse interrumpida. Siempre dentro de lo razonable, la lógica y lo posible, hay que aceptar que estas estructuras deben construirse donde sea necesario si queremos un sistema de red de telecomunicación eficiente estratégico que contribuya al desarrollo nacional.
Las telecomunicaciones son un tema nacional, no local; de ahí que la normativa cantonal debe facilitar su desarrollo. Por ejemplo, debe contener requisitos razonables y flexibles que no dependan del plan regulador, o bien promover la co-ubicación de equipos para evitar una proliferación descontrolada de las infraestructuras. Hay que lograr un equilibrio entre la necesidad de desarrollar las telecomunicaciones dentro del marco de apertura del mercado y los intereses locales de ordenamiento urbano.
Por ende, la iniciativa de la Federación de Municipalidades Metropolitanas (FEMETRON) es una valiosísimo aporte para contar con esta normativa tan necesaria que servirá de instrumento para que el funcionario municipal contribuya, en forma ordenada, al desarrollo de la infraestructura de telecomunicación celular. Porque, de hecho, sin torres no hay comunicación celular.

Juan Carlos Pizarro Corrales
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