Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 16 Diciembre, 2011


Don Leopoldo cerró su columna

Don Leopoldo Barrionuevo concluyó su tarea entre nosotros. Hace poco nos decía que cuando se viene de vuelta, llega el momento de no aflojar, de no detenerse, de vivir intensamente, ya que en la creación está la meta… después llegarán la muerte y el olvido. Y actuó en consecuencia hasta el final. ¿Qué nos trasmitió en su último año? Muchas cosas, pero pocas caben en una columna.
Me enamoré de esta tierra que es mía desde hace casi 40 años, escribía con esa pasión propia de los bonaerenses. Tenía razón, él llegó a la Costa Rica que era un oasis en un continente infectado de dictaduras. Arribó a un país en que florecía la educación universitaria en Cartago, en Heredia y se sembraban escuelas, colegios y centros de salud por todos lados.
Llegó a Costa Rica cuando el marketing daba sus primeros pasos en el país. Leopoldo Barrionuevo y Asociados se transformó en un gran compañero de ruta del comercio y de la industria incipiente. Pero le dolía el rumbo actual de la empresa nacional: las mejores empresas nacionales, con algunas honrosas excepciones, están destinadas no al desarrollo de la riqueza nacional sino a ser vendidas al mejor postor extranjero… Con desazón agregaba: nos quedamos sin industria de bandera tica.
Muchas veces se refugió en la nostalgia, especialmente en los recuerdos de una juventud siempre inconclusa, de un Buenos Aires siempre inolvidable y de su pasión por el tango. Entendía perfectamente que disfrutar los recuerdos no era atarse al pasado, como lo dice en una de sus columnas: lo que nos sobraban eran sueños y esos no nos los quitaron: siguen siendo nuestros.
La nostalgia por la Costa Rica de antes lo llevó a decir: no quiero pensar que nuestro pensamiento político nacional está enmohecido, pero da la sensación que con el envejecimiento y la desaparición de los viejos líderes, carecemos de una generación de relevo que posea la altura intelectual como para obtener una mejor visión ante un mundo diferente.
Su preocupación por la pobreza, la inseguridad y la mediocridad que nos abraza lentamente, se une a la impotencia de no poder encontrar fuerzas sociales que puedan enfrentar con seriedad los grandes desafíos nacionales. Parece que el proyecto de patria se va diluyendo… nos afirmaba. El mejor contraste lo busca en la misma Costa Rica de la que un día se enamoró para siempre. Por eso se enorgullece de aquella sociedad con mucha “gente dignamente pobre que trataba de disimularlo con sacrificio y aspiraciones de clase baja en ascenso”. Y la falta de visión actual la enfrenta a los tiempos en que pocos países como Costa Rica definieron con claridad lo que quería ser.
Hace unos meses, en una cena por invitación de Fred Blaser, presidente de la directiva de este periódico, tuve la última conversación con Leopoldo y disfruté de su conocimiento infinito sobre la Costa Rica de las últimas décadas y su amor intacto por esta tierra y su gente. Lo recordaré con el aprecio de siempre.

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