Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 27 Diciembre, 2007

De cal y de arena

Alvaro Madrigal

El Día de los Inocentes del 2009 precisaremos si la gestión encomendada a los tres poderes del Estado y al Tribunal Supremo Electoral en el cuatrienio en curso, terminó en una tomadura de pelo, con más hojas que rábanos. Para mañana será temprano afirmar que el país cayó de maje con tantas promesas y compromisos. Mientras, cabe el beneficio de la duda aun con indicios poco alentadores para esperar que en dos años más las cosas cambien. En el caso de la Asamblea Legislativa, convertida en caja de resonancia del Poder Ejecutivo, con flagrante renuncia de la función de freno y contrapeso y de contralor político —de rango supremo ambas— de seguro que en la rendición de cuentas el Parlamento saldrá mal librado. Una minoría de diputados críticos, independientes y con aptitud política, no bastarán –es obvio— para redireccionar la marcha y lavarle la cara a la Asamblea. Respecto al Poder Judicial, lleva como sombra inseparable el delito de omisión de respeto al principio de justicia pronta y cumplida, gravoso lastre que aunque mal viejo, es claro que es un desafío de plazo vencido y baldón para la judicatura. Para que no le falte, el dimitente director del OIJ ha develado las cojeras de la política represiva del delito en el ámbito judicial. Si bien este Poder no trabaja con sujeción a calendarios de cuatro años ni sus integrantes se someten al escrutinio popular cuatrienal, sí están expuestos a una rendición de cuentas no pautada por las leyes y sí presente en una ciudadanía que se vuelve más y más escrutadora. Igual es el caso del Tribunal Electoral, cuya vacilante gestión (y no necesariamente solo a propósito del TLC) ha empañado lo que fue una generalizada alta estima en la sociedad costarricense. Lo evidenció la encuesta de mayo de la Escuela de Estadística de la UCR donde un 53,5% de la consulta cree que el TSE está bajo la influencia de los partidos.
La evaluación de resultados del periodo respecto al Poder Ejecutivo va a ser difícil por la campaña mediática que, pagada o no, quiere hacer creer que esto es Jauja. La incontrastable realidad de los hechos tiñe de grises y sombras la marcha de la administración Arias sin que las luces existentes disipen la percepción de que ante problemas críticos el gobierno perdió fuelle. El hampa y la inseguridad reprimen al ciudadano, el narcotráfico multiplica su influencia de la mano del lavado de dinero (del que no hablan nada los círculos financieros, aunque sí el Ministerio Público y el OIJ), a la corrupción apenas se le hacen cosquillas, los servicios de salud cojean a más no poder, la calidad de la educación es incómoda duda y la red vial colapsó. En el campo de las luces están la bonanza económica y una rediviva confianza del empresario que, como lo apuntó el Estado de la Nación, son hechos que en lugar de conducir a un cuerpo de aguas de mayor caudal y fuerza, se desparraman sin orden ni dirección. Siendo el cronos inasible, veremos cómo lo enfrenta la administración Arias de aquí al Día de los Inocentes de 2009 y si los resultados permiten decir que tanta grandilocuencia y tanta promesa presente en la propaganda no fue solo una “agarrada de chancho”.