Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 29 Enero, 2009

De Sebastopol a Gaza

De cal y de arena
Alvaro Madrigal

Hace 70 años los Chamberlain no entendieron lo que significaba aquel régimen. Por temor, por error de cálculo o por exceso de candor le abrieron el paso a sus siniestros propósitos disfrazados con la necesidad de disponer de un “espacio vital” para asentar su visión de una raza superior. Su bestial maquinaria de guerra se puso en marcha y sometió a sus designios tierras y pueblos. A partir del Pacto Molotov-Ribbentrop, contó también con la connivencia de otro sediento de conquistas territoriales. Hoy, otros Chamberlain son actores en la crisis de Oriente Medio. Temen, titubean y cierran los ojos ante un ejército que se mueve con sentido irracional, prepotente y desafiante ante el orden jurídico internacional y que debió haber sido contenido a tiempo antes de que practicara, no la legítima defensa (que la tenía, eso sí dentro de determinados límites fijados por la ley internacional) sino la política de “tierra arrasada” en Gaza. Querían castigar a Hamás por sus ataques con cohetes a suelo israelí pero su miopía hizo espacio a una masacre. Obvio, con la alcahuetería del presidente de Estados Unidos que debería llevar el número “666” y no el 43. Los Chamberlain de hoy no supieron o no quisieron interpretar correctamente la legitimación dada por el pueblo palestino a Hamás al confiarle el gobierno de la franja en unas elecciones limpias. Al contrario, se coludieron para aislarla y así penalizar a un pueblo, ya satanizado y condenado a vivir en lo que llamó el cardenal Renato Martino, a cargo del Dicasterio de Justicia y Paz del Vaticano, “un enorme campo de concentración”. Tras siete guerras y dos intifadas, llegó la operación “plomo fundido”, brutal y despiadada, desproporcionada e irracional, tanto que exacerbó el sentimiento de víctima de los palestinos, su fervor nacionalista, su vocación guerrerista, quizá radicalizándolo e identificándolo más con Hamás. Fue un genocidio pero también un suicidio político de quienes lo ordenaron y ejecutaron porque no acabaron con Hamás ni con sus tesis. Ante esta realidad incontrastable ¿con la guía de quién va a rescatarse el esquema básico de paz que consagra el derecho de Israel a existir, la creación del Estado palestino, la devolución de los territorios arbitrariamente ocupados y la presencia compartida en Jerusalén, esencia del plan de paz que impulsa la Comunidad Internacional? Si existen los milagros, quizá la desaparición de Bush sea el catalizador que precipite las condiciones idóneas para que cristalice la milagrosa coexistencia.

“Ya no existe Sebastopol —escribió el corresponsal de guerra en julio de 1942—. Las casas no tienen ya tejado y las calles están bloqueadas por aludes de escombros que sepultan también a inocentes”. Así las cosas, repitamos lo escrito este domingo por Chris Patten, ex comisario europeo de Asuntos Exteriores: “¿Cuál de los líderes israelíes entiende que la reconciliación es más importante que la venganza? ¿Qué líderes políticos quieren realmente un Estado palestino y están dispuestos a correr los riesgos de establecerlo? ¿Cuáles de ellos son lo suficientemente fuertes para tratar con los colonos de Cisjordania? ¿Cuál de los líderes israelíes entiende que la reconciliación es más importante que la venganza?”.