Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 13 Marzo, 2008

Legítima defensa
De cal y de arena

Alvaro Madrigal

Como Uribe, Somoza también apeló al recurso de la legítima defensa para justificar las violaciones de su ejército a la soberanía territorial de Costa Rica. Y en aquellos tiempos, igual que hoy en torno a la violación del Derecho Internacional practicada por los ejércitos de Uribe en Ecuador, también aparecieron los articulistas que veladamente descalificaban la posición costarricense por no haber sido nuestro gobierno diligente en asegurar que el territorio no fuera santuario de las guerrillas del FSLN. Vano empeño. Las instancias creadas por el Derecho Internacional tuvieron muy en claro —ayer y hoy— que la soberanía territorial es inviolable y que su integridad no cede un ápice ante los alegatos de legítima defensa que, dicho sea de paso, han servido de pretexto para que el presidente Bush arremeta contra pueblos enteros anarquizándolos y bañándolos en sangre. Hitler alegaba el “espacio mínimo vital”.

Julio Suñol, en INSURRECCIÓN EN NICARAGUA, recoge el objetivo de los atropellos del ejército nicaragüense a la soberanía de Costa Rica: tensar los hechos al máximo posible como para crear la sensación de guerra e inducir a la OEA a enviar una Fuerza Interamericana que le sirviera de parapeto en sus espaldas cuando ya su margen de acción política estaba prácticamente agotado ante la presión internacional. Muchos choques e incidentes se apilaban en la historia: las invasiones de 1949 y 1955; el artero ataque en que murió Alfonso Monge, director general de la Guardia Civil; el ametrallamiento al grupo que comandaba el ministro Mario Charpentier (14-X-77) y a los estudiantes que iban de Peñas Blancas a La Cruz (12-IX-78); el ataque en Las Vueltas con dos guardias civiles muertos (21-XI-78). Pero nunca la OEA admitió la pertinencia del derecho a la legítima defensa que alegaba Nicaragua y más bien ratificó la proscripción de la amenaza y el uso de la fuerza en las relaciones internacionales como principio fundamental del Tratado de Río y exigió al vecino país (28-XII-78) “abstenerse de toda amenaza, acto de agresión o uso de fuerza armada contra Costa Rica”.

La OEA repudia la violación de la soberanía territorial de Ecuador, arropada en el pretexto de legítima defensa. Y ante la comprobación de esa conducta contraria al Derecho Internacional, ratifica aquellas importantes reglas de conducta. Lo hizo ante Somoza y hoy ante Uribe. Coincidencia, aunque Colombia no sufre una dictadura; sí una grave confrontación interna que ya trasciende sus fronteras. Enormes han de ser las presiones sobre Uribe para evitar la negociación política. A saber si Mr. Bush le ha enviado una advertencia escrita, como la que motivó al presidente Carazo a espetarle al embajador estadounidense: “Dígale al presidente Carter que se vaya para la mierda, que al presidente de Costa Rica no lo amonesta nadie”. (LA GUERRA NO DECLARADA, Johnny Echeverría).