Con una Catedral a reventar, el Alajuelense se acomodó el juego de vuelta de la semifinal de la Copa Centroamericana contra el monarca de Honduras, el Motagua bien temprano.
Los manudos empataron en la ida 0-0, de manera que cualquier empate con goles en la vuelta daba la clasificación al Ciclón Azul, resultado que dramáticamente estuvo a punto de producirse.
El León mordió temprano y por partida doble: anotaciones de Juanpi Añor al 19 y Creichel Pérez al 43. Irse al descanso 2-0 era un resultado ideal.
La desventaja obligada al Motagua a abrirse en el segundo tiempo y entonces la nómina de Óscar Ramírez podía hacer fiesta con sus explosivos contraataques.
Y ese detalle táctico se produjo: Sosa, Ruiz, Pérez, Cisneros, Anthony y sobre todo Michel, tuvieron para aplastar a la visita, pero el 3-0 lo impidió el portero Luis Ortiz con prodigiosas intervenciones.
La Liga bajó la guardia, Motagua ordenó variantes y el ingreso del veterano Rodrigo Gómez le dio otra cara al equipo. Al 75 descontaron con autogol de Alexis Gamboa y llegaron los minutos dramáticos.
Similar a lo sucedido con Saprissa, que recibió un gol de penal del Luis Ángel Firpo en el minuto 70, gol que lo eliminaba del repechaje. Parecido a lo sucedido con el Cartaginés, que perdía 2-1 con Olimpia desde el minuto 52, los tres equipos costarricenses quedaron expuestos a ser eliminados si sus rivales anotaban en los cierres de los partidos.
Entonces, los fanáticos del Monstruo, Cartaginés y del León, cerraron ojos, apretaron dientes y comieron uñas para que esa anotación que significaba eliminación no se produjera.
Lo del Saprissa fue más dramático, porque el empate 1-1 con Firpo lo eliminaba. Estaba obligado a anotar, gol que logró Ariel Rodríguez en la “Saprihora”, gracias a acción gestada por la zurda mágica de Mariano Torres.
Cartaginés tenía que sostener el 2-1 en Tegucigalpa. Soportó el chaparrón y en el cierre, una tontera del portero Edrick Menjívar le permitió a Giancarlo Castro empatar 2-2 y se alivió la tormenta.
En el Morera Soto, el descuento del Motagua produjo un ataque de nervios colectivo. Lo que pudo ser un 3-0 o 4-0 se convirtió en un 2-1, pesadilla a la vista. Cierre de infarto, no apto para cardíacos, puños de Washington Ortega repeliendo metralla y clasificación manuda, en ruta a un tetracampeonato si el Cartaginés se lo permite. La final se juega la primera semana de diciembre.





































