Daniel Suchar: “Mantener una inflación negativa por mucho tiempo genera riesgos para la economía”
Tener un IPC negativo no significa que el costo de la vida haya bajado, según analista económico
Aunque Costa Rica contabiliza 14 meses de deflación y 38 meses por debajo del límite inferior de la meta del Banco Central, Daniel Suchar, analista económico, explica que esto no significa que el costo de la vida haya bajado para la mayoría de las familias.
La diferencia entre las estadísticas oficiales y la percepción de los consumidores responde a que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) refleja el comportamiento promedio de una amplia canasta de bienes y servicios, mientras que los hogares perciben principalmente el encarecimiento de los gastos cotidianos, como alimentos, alquileres, combustibles y transporte, cuyos precios permanecen en niveles elevados tras el choque inflacionario de 2022.
Por otra parte, Suchar señala que la inflación negativa ha sido producto de factores externos favorables, como la apreciación del colón y la reducción en algunos bienes importados, y no de una caída de la actividad económica.
Sin embargo, advierte que mantener este escenario durante un periodo prolongado puede generar efectos adversos, como un mayor costo real de las deudas, menor dinamismo en el consumo y la inversión, y dificultades para la generación de empleo.
Costa Rica lleva más de un año con cifras negativas de inflación, ¿por qué existe una diferencia entre la percepción de los hogares sobre la inflación y lo que dicen las estadísticas oficiales?
La diferencia radica principalmente en que el IPC mide la variación promedio de una canasta de 289 bienes y servicios, la cual, ha estado fuertemente influenciada a la baja por la caída en sectores muy específicos, como el transporte y los bienes importados, gracias a la apreciación del colón.
Sin embargo, la percepción de los hogares se construye a partir de la “inflación de alta frecuencia”, es decir, las compras del día a día, como alimentos frescos, alquileres y servicios públicos, cuyos precios nominales se estabilizaron, pero se quedaron en el nivel alto que alcanzaron tras el choque inflacionario mundial de 2022.
Además, el dato más reciente, a junio de 2026, refleja una inflación mensual al alza del 0,71%, impulsada por aumentos directos en las gasolinas y los pasajes de autobús, lo que reaviva en el consumidor la sensación inmediata de un costo de vida elevado.
Desde la perspectiva de los consumidores, las empresas y los deudores, ¿quiénes son los principales ganadores y perdedores de un escenario de inflación negativa? ¿Debe preocupar a las familias?
En este escenario deflacionario atípico, los principales ganadores son los asalariados y pensionados con ingresos fijos en colones, quienes experimentan un aumento automático en su poder adquisitivo real, así como las empresas importadoras.
Por el contrario, los grandes perdedores son los deudores y las empresas expuestas a la competencia externa o al sector exportador. Para los primeros, el valor real de sus obligaciones financieras aumenta mientras sus ingresos nominales se estancan y, para los segundos, se reduce su margen de rentabilidad y competitividad.
Esto no debe verse como un comportamiento normal u óptimo de la economía, sino como una distorsión temporal que, si bien, no debe causar pánico social porque la economía sigue creciendo, sí exige que las familias costarricenses actúen con prudencia respecto al endeudamiento y la planificación del presupuesto familiar.
¿Cuáles son las principales consecuencias para la economía de mantener una inflación negativa durante un periodo tan prolongado?
Lo primero que hay que decir en este caso, es que el país registra variaciones interanuales negativas en el primer semestre por cuarto año consecutivo —ubicándose la inflación interanual en -0,32% a junio de 2026—, este fenómeno ha respondido a choques de oferta externos y cambiarios benéficos, y no a una depresión de la demanda interna, dado que la producción nacional mantiene un crecimiento dinámico cercano al 3,5% para el bienio 2026-2027.
No obstante, mantener este indicador en terreno negativo de forma prolongada acarrea riesgos latentes: puede incentivar la postergación de decisiones de consumo e inversión privada bajo la expectativa de menores precios futuros, incrementa el costo real de las deudas y genera rigideces para ajustar las planillas.
A mediano plazo, esto podría desacelerar la generación de empleo formal en el régimen definitivo, especialmente si las tasas de interés activas comerciales no terminan de transmitir por completo la política expansiva del Banco Central, que ha fijado su Tasa de Política Monetaria (TPM) en 3,25%.
¿Cuál es la expectativa para el resto del año?
Para el resto del año, las proyecciones del Banco Central de Costa Rica (BCCR) y de organismos internacionales como la OCDE coinciden en que la inflación interanual abandonará el terreno negativo de manera paulatina.
Se prevé que el indicador retorne o se acerque al límite inferior del rango meta establecido (entre el 2% y el 4%) hacia el último trimestre del 2026, conforme se diluyan los efectos de base de las caídas previas en materias primas y se consoliden las presiones al alza que ya empezamos a ver en más de la mitad de los componentes de la canasta básica.
En consecuencia, el país transitará hacia una normalización monetaria neutral, donde convivirán una inflación baja, pero positiva, y un crecimiento económico estable.