¡Empieza el Mundial de Fútbol!
134 millones de mexicanos, nacionalistas y apasionados, estarán pendientes de su querido Tri, en el debut de la Selección Nacional en el Mundial 2026.
En otro sitio, muy distante geográficamente, no todos los 61 millones de sudafricanos le pondrán al juego, el mismo interés que los anfitriones.
Mi querida Italia quedó eliminada de la Copa del Mundo por tercera ocasión consecutiva. Imperdonable en un seleccionado tetracampeón del mundo y ni qué decir de la Selección Nacional, fuera de la máxima competencia universal del fútbol, eliminada en una eliminatoria donde no compitieron los “cocos” del área: Estados Unidos, Canadá y México, organizadores de la competencia.
El partido México frente a Sudáfrica, que abre hoy la Copa Mundial, llega cargado de coincidencias, historia y momentos que conectan directamente con lo vivido hace 16 años.
Este partido inaugural revive un cruce que marcó a toda una generación de aficionados y que hoy vuelve a escena en el Estadio Azteca con nuevas figuras y viejos conocidos en el banquillo.
En más de 90 años de historia, jamás se había repetido un partido inaugural en una Copa Mundial de la FIFA, pero el destino decidió que México ante Sudáfrica reabra el torneo, igual que en Sudáfrica 2010.
En aquel debut africano, Sudáfrica sorprendió con un gol icónico de Siphiwe Tshabalala, mientras Rafael Márquez empató el encuentro con un remate que hoy forma parte de la memoria colectiva del fútbol mexicano.
La coincidencia va más allá: el partido inaugural vuelve a jugarse el 11 de junio, exactamente el mismo día y mes del encuentro de 2010, un detalle que alimenta la narrativa histórica de esta Copa del Mundo.
El entrenador Javier Aguirre, quien dirigió al equipo mexicano en 2010, regresa para su tercer Mundial al frente de México, ahora en territorio propio.
Junto a él aparece Rafael Márquez, autor del gol del empate hace 16 años y hoy pieza clave del cuerpo técnico. Su presencia añade un componente emocional: un hombre que vivió el momento desde la cancha ahora busca guiar al equipo desde el banquillo.
Además, el Estadio Azteca, sede del partido inaugural, vuelve a captar los reflectores del mundo como lo hizo en 1970 y 1986, consolidándose como el recinto más emblemático en la historia de los mundiales.





































