Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 4 Septiembre, 2009


Cuando un Presidente se desnuda


Atascado en la crisis de Honduras, el gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti se aferra a celebrar elecciones presidenciales el 29 de noviembre, mientras la comunidad internacional aumenta su presión y asegura que no reconocerá los resultados, si no devuelve el poder.
Por su parte, Manuel Zelaya, mandatario depuesto parece ayudar poco.
Durante su visita a Washington esta semana, Zelaya levantó su voz contra Estados Unidos y le solicitó que declarara como un golpe militar los hechos del 28 de junio, para que así se corte toda ayuda económica a Honduras, la cual se estima en unos $200 millones.
A Zelaya lo desnuda esta decisión.
Por más presión que quisiera hacer para volver al poder, no debería abogar por medidas que a final de cuentas dañan a su propio pueblo.
Por su investidura como Presidente constitucional, Zelaya tiene aún responsabilidades sobre los hondureños y su sufrimiento no es la solución para presionar a quienes lo derrocaron.
Por supuesto, no estoy de acuerdo con el aferramiento de Micheletti, ni mucho menos sus pretensiones de desafiar al resto del mundo, simplemente para demostrar “quién manda”.
Está claro que la terquedad del gobierno de facto es también causa de dolor para esta nación. Más aún si los golpistas pretenden sobrevivir sin el amplio rango de asistencia que ha sido retirado.
Zelaya se encuentra en una compleja paradoja puesto que ahora solicita la intervención de los estadounidenses para resolver la crisis política de su país. Una medida que los extremos izquierdistas en América Latina no tienen reparos en catalogar como intromisión imperialista.
Lo cierto es que conforme Zelaya y Micheletti hablan, cada vez se hunden más en sus posiciones.
Ahora urge la cordura.
Pese a la crítica celosa inclusive de los propios nacionales, el Acuerdo de San José del presidente Oscar Arias sigue siendo la única salida razonable a esta crisis, capaz de restituir el orden democrático y detener un sufrimiento innecesario del pueblo hondureño.

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