Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 27 Agosto, 2010


Cuando la muerte fracasa


Gracias a Dios la muerte también fracasa. En sus permanentes intentos por adelantar su tarea, muchas veces es burlada. De pronto las noticias nos impactan desde la isla de San Andrés: un avión se parte en dos y 130 de los 131 ocupantes salen con vida. El presidente de Colombia califica el hecho como un milagro. ¿Qué otra cosa podría ser?
Desde el norte de Chile nos llega otro fracaso de la muerte. Una cuadrilla de 33 mineros quedan atrapados por un derrumbe a 700 metros de profundidad, allí pasan 17 días sin contacto con el exterior, en medio de altas temperaturas, con muy pocas provisiones y con el oxígeno escaseando. El milagro ocurrió cuando un estrecho hueco permitió tomar contacto con ellos y se supo que están vivos. Estas noticias se repiten en distintas partes, en diversas formas y en todos los tiempos.
Hace años conocí las minas de carbón de Lota, un lugar de sufrimiento muy al sur de Santiago. Es difícil encontrar condiciones más inhumanas que la de los mineros del carbón. Esos túneles se iniciaban en la costa y se internaban hacia las profundidades del Océano, literalmente por debajo del mar. La vida de los mineros no solo era de alto riesgo, sino que su miseria los obligaba a internar a sus hijos a esos fosos. Era imposible no relacionarlo con “Germinal”, la obra de Emilio Zolá ambientada en los yacimientos de carbón de Francia o con “Sub Terra” (La Compuerta Número 12) de Baldomero Lillo, cuyo padre fue minero en Lota. Los mineros, al inhalar el polvo del carbón, terminaban con graves enfermedades pulmonares.
El norte de Chile es minero. En los viejos tiempos fueron las grandes salitreras que hicieron que miles de campesinos emigraran hacia el desierto por trabajo. De pronto se dieron cuenta que estaban atrapados y en condiciones de subsistencia. Un día protestaron por las condiciones subhumanas en que los tenían las compañías extranjeras, la respuesta no se hizo esperar: el ejército disparó contra ellos y más de 2 mil cadáveres fueron lanzados a una fosa común, sin permitir su identificación. Hace poco la presidenta Michelle Bachelet, al cumplirse el primer centenario, hizo construir un monumento en honor de ellos.
Después vino el cobre. Hace años visité la mina de cobre a tajo abierto más grande del mundo, semeja un inmenso estadio. Pero hay minas de menor tamaño en que se extrae el cobre por medio de túneles y donde las condiciones de trabajo y de seguridad dejan mucho que desear. En uno de esos túneles quedaron atrapados los 33 mineros, quienes en tres o cuatro meses más podrán volver a ver el sol del desierto, si el milagro sigue su curso.
El presidente Piñera ha manejado muy bien la crisis y no ha escatimado esfuerzos ni recursos, mientras los dueños de la mina dicen que declararán la quiebra y que no pagarán más salarios… ¡Pura Vida! Ahora se iniciará una reforma a fondo sobre la seguridad en las minas, una buena moraleja para acompañar a un milagro.

Arturo Jofré
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