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Lunes 5 Abril, 2010

Creo en su inocencia

Una mujer llegó ante un rey acusando a un hombre de violación. El rey convocó a ambos; y sin juzgar al presunto culpable, le dio a la mujer una bolsa con oro para reparar el aparente daño y la dejó ir. Un instante después, el rey ordena al presunto violador que recupere las monedas. El hombre regresa aruñado, golpeado, vapuleado y sin el oro. El rey llama a la mujer y le dice: si usted hubiese defendido su honor como defendió el oro, tal vez le hubiese creído. La encarcelo a usted por mentir y acusar falsamente a otra persona.
En un juicio siempre existen dos caras de la moneda; la cara de la verdad y la que no tiene la verdad de su lado; se valen de mentiras como personajes; crean un manipulador circo mediático, para hacerse creer y causar daño. Andrés Alvarado Prada ha sido objeto de críticas, burlas, humillaciones; entre otros intentos de denigrarlo. Fue “juzgado” antes de llegar a un Tribunal, por personas ignorantes de que fue declarado inocente hace cuatro años de todas las causas en un sobreseimiento definitivo. Andrés creyó en la justicia y en que la autoridad judicial leyera en su expediente la verdad de su inocencia. Se despidió con un beso de su mamá y de su abuelita y les dijo: Ya vuelvo. La justicia suele ser ciega; y lo fue con Andrés; en tanto se legalizó la injusticia y le quitó 115 días de libertad. Andrés fue llevado al ámbito A4 de San Sebastián, donde lejos de ser agredido por el delito que con mentiras se le imputó, se convirtió en el maestro de escuela que les enseñó a muchos a escribir y que impartía clases de inglés además de ser nombrado el representante del Comité de Deportes.
Andrés es un ser humano ejemplar; digno de respeto y admiración; así lo confirman las cartas, e-mails y mensajes que recibe a diario de personas, en su mayoría mujeres, jóvenes, madres solteras, amas de casa, profesionales en diferentes disciplinas, hasta señoras convaleciendo como doña Lilliana, de 70 años, afirmando, Andrés creo en su inocencia.
La libertad de la que goza Andrés después de que le fue arrebatada, no por un delito que cometió sino por una mentira maquiavélicamente creada, no fue el resultado de una “maniobra legal o económica,” sino la voz de la verdad que está a su favor; por segunda vez, reconociendo que las acusaciones son inconsistentes y que su inocencia resulta siempre evidente.
Andrés cc. GATO, el hombre que no practica karate desde 1996, ha dado la cara siempre; en silencio, con respeto, sin denigrar, sin ofender el honor de nadie, comportándose como el caballero que es. Gato es alguien a quien pocos tienen el privilegio de conocer pero muchos se atribuyen el derecho de juzgarle. Junto a él existen una madre, una abuela, primas, amigas y muchas personas que lloran por la injusticia de la que ha sido víctima. Desde que Andrés está en libertad, ha dedicado gran parte de su tiempo a extender el conocimiento de las necesidades de sus ex compañeros, solicitando ayuda y visitándolos de manera frecuente, en agradecimiento a la forma en que lo trataron, sin juzgarlo y creyendo siempre en su inocencia.
Gracias Andrés, por ser el ejemplo que sos en nuestro camino, por enseñarnos a perseverar aun cuando por un momento sentiste perder las fuerzas. Nuestras oraciones están con vos, con Mauricio, con Sergio y con sus familias, creyendo fielmente que esta vez la justicia, escuchará la verdad real, la verdad que no ha cambiado desde el principio, la verdad que confirma su inocencia.

Priscila Sánchez Conejo