Costa Rica, país de lujos que son necesidades
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Los hábitos de consumo han cambiado y la dinámica del país ha llevado a que bienes y servicios que en otras partes del mundo o en décadas pasadas se consideraban lujos, hoy sean una necesidad.

Educación y salud privadas, seguros, carro y vivienda céntrica, son parte de esta canasta básica moderna.

Pese a esto, no toda la población está en posición de afrontar los gastos de esta nueva canasta, lo que implica una profundización de la brecha entre los que más y los que menos tienen.

Entre las cuestiones que destacan está la salud, debido a los retrasos para conseguir citas en el sistema público, donde en ciertas especialidades puede tomar años.

Las largas esperas se transforman en incentivos para comprar un seguro médico o buscar la atención en centros de salud privados.

Las empresas son conscientes de estos problemas, por lo que en muchos casos el seguro médico se transforma en un estímulo a la hora de reclutar personal calificado.

De hecho, la primas de seguro de salud aumentaron un 43% entre junio de 2015 y de 2017, al pasar de ¢31 mil millones a ¢44 mil millones.

“El deterioro del sistema público de salud ha incidido directa y fuertemente en la demanda de planes privados de atención, los cuales se han constituido en un aliciente fundamental al ofrecer beneficios a los colaboradores. Cada día más, las empresas complementan sus paquetes de motivación con seguros privados de vida y salud”, afirmó Marvin Umaña Blanco, director de la corredora de seguros Asprose.

La educación también está en el centro de la escena.

Los bajos resultados del sistema público de educación y el cada vez más salvaje mercado laboral obligan, a quien pueda, a enviar sus hijos a colegios privados en busca de una mejor preparación para el futuro.

Los resultados de las pruebas internacionales PISA que no muestran mejorías, así como la nota promedio de los exámenes de bachillerato que se ha mantenido estática en los últimos años dan cuenta de la situación.

El transporte e infraestructura también señalan la tendencia de hacer del lujo una necesidad.

En la mayoría de los países desarrollados se ha buscado solucionar los problemas de movilidad urbana con el transporte público como columna vertebral y se castiga el uso del carro mediante altos impuestos y peajes, como es el caso de Singapur o Londres.

La situación en Costa Rica con un sistema de transporte público ineficiente, sin interconexiones, anárquico e incómodo impulsa a los pasajeros a comprar un carro.

A esto se suman las facilidades del crédito que permiten acceder a vehículos del año sin prima y con mensualidades equivalentes a $10 diarios, repercutiendo en las presas que se pretenden evitar.

Sin embargo, la situación en términos de infraestructura es tan delicada que tener un carro ya no es una solución para trasladarse de manera rápida y cómoda, lo que está cambiando la idea de dónde vivir y trabajar.

“Las deficiencias en la infraestructura de transporte y los tiempos perdidos en presas inciden no solo en la decisión de los individuos al elegir sus viviendas, sino también de las empresas al analizar dónde ubican sus instalaciones”, señaló Priscilla Argüello, asociada sénior de Cushman & Wakefield.

Ahora en la balanza de la vida el peso está puesto en sacrificar espacio por tiempo, lo que se traduce en el crecimiento de torres en las zonas más céntricas de la Gran Área Metropolitana y, por supuesto, en los precios: comprar un apartamento de 80 m2 puede costar más que una casa del doble de tamaño, pero alejada de las zonas más céntricas.

De hecho, el mercado está mutando hacia lo que se conoce como proyectos de uso mixto o miniciudades, donde se mezclan las viviendas, las oficinas y los comercios, como una forma de tener todo al alcance de la mano.

“Esta forma de vivir busca que las personas logren un mejor balance entre la vida profesional y la personal, reduciendo los tiempos de traslado desde y hacia los trabajos, y sin necesidad de desplazarse a lugares alejados para sus compras y actividades de entretenimiento”, agregó Argüello.

Pero esto es solo una cara de lo que viene sucediendo en el país. Para aquellos que no pueden afrontar la inversión de este nuevo modelo de vida, el día a día se convierte en una complicación adicional.

Las mismas cuestiones se miran desde la acera de enfrente y avizoran una mayor profundidad en la desigualdad social.

Costa Rica es el único país de Latinoamérica que en los últimos diez años ha aumentado la desigualdad y, a pesar de la disminución de la pobreza en los primeros meses del año, la clase media se ha debilitado, acercando su nivel de ingreso al de la clase baja.

 

 

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