Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 4 Agosto, 2009


Conforme a lo visto...


Formo parte de la masa silenciosa (¿minoritaria?) que, a pesar de haber visto incrementarse un montón el concepto de peaje que, en dos vías, pagamos para llegar a nuestros destinos también reconocemos las virtudes de la Próspero Fernández ahora en manos ajenas al Estado.
Cierto que hay un grupo importante de costarricenses que adversa el monto a pagar por concepto de peaje. Forman parte del montón que se acostumbró a pagar una miseria por que no pasara nada. De los que mansamente, no han protestado ni el impuesto al combustible ni el pago de los ¢75 y/o ¢100 voluntarios, por transitar calles que no solo están pagas sino también, en total inobservancia de las necesidades vehiculares del país en el siglo XXI (como también era cierto para el siglo XX).


Cierto también el que, dichosamente, no me incomoda tanto el pago de ¢310 por sentido en la Próspero. Me preocupa más el precio del combustible y del marchamo que debo pagar sobre mi carro hoy inexistente. Eso, que se ha vuelto norma en este país y que constituyen los impuestos escondidos o mal justificados y que no encuentran remedio ni en la Sala Constitucional, resultan un mal mucho más objetable que un peaje por una vía que funciona.
No respondo tampoco a los alborotadores que optan por bloquear el paso de una carretera que fluye. Me resultan reprochables sus razones y mucho más, los mecanismos a los que recurren. ¿Por qué los vecinos de la Uruca no recurren a las mismas vías por la maldita sustitución de una platina en el puente Juan Pablo II? ¿Será porque no hay un coste ostensible? ¿Opinarán igual los vecinos de San Francisco de Dos Ríos?
Craso error. El bolsillo nos lo toca la ineficiencia a diario. Pagamos más por gasolina cuando tenemos que gastarnos horas en presas porque las calles no dan abasto. Pagamos con nuestra ineficiencia, cuando no podemos atender las necesidades laborales a que nos comprometimos porque somos incapaces de llegar a tiempo o terminar la tarea porque hay que lidiar con el peregrinaje vehicular por calles que están colapsadas.
Señorones en carrazos, cuyo monto no quisiera suponer de marchamo, distribuyen las proclamas en contra de Autopistas del Sol y el peaje mientras hacen fila en supermercados con carritos atiborrados. Hacen mal y merecen saberlo.
El país debe demarcarse de su estancamiento para permitirse crecer.
El crecimiento conlleva dolores, también costos. Mucho me hubiera gustado quedarme en la etapa de los dibujos animados y la falta de responsabilidad. No pude detener el reloj y sin embargo, Costa Rica ha apostado décadas a cumplir tal finalidad. Eso es una falacia que nuestros hijos —o nietos— no justifican.
Asumamos las responsabilidades que conlleva el vernos avanzar, crecer y madurar como país y como sociedad. No son de todos sino de cada uno de nosotros y, dicho sea de paso, necesarísimas para mejorar un país que se nos queda corto.
Aprovecho, de paso, para agradecer a Autopistas del Valle su valiosa ayuda en mi pasado accidente automovilístico. ¡Gracias a Dios que estaban ustedes!