Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 8 Noviembre, 2010


Conflictos fronterizos


El 2 de abril de 1982 el ejército argentino desembarcó en las Islas Malvinas con la intención de recuperar los tres archipiélagos que habían sido invadidos por el Reino Unido en 1833.
La verdadera razón de esta guerra era que el gobierno militar que ya llevaba seis años en el poder, había hundido al país en un caos económico y asesinado a 30 mil personas estaba totalmente desacreditado y necesitaba un conflicto para desviar la atención de los ciudadanos. Despertar el sentimiento nacionalista y unir a todos los argentinos contra un enemigo común apoyando al impopular ejército, era indispensable para mantenerse en el poder.
Lamentablemente lo lograron durante un tiempo: el país entero salvo algunas excepciones apoyó el conflicto armado, se tiró a las calles aplaudiendo al gobierno y volcó toda su solidaridad con los combatientes, jóvenes soldados que fueron abandonados por los altos mandos, pasando hambre y frío.
Ahora resulta que en Nicaragua se celebrarán elecciones presidenciales en noviembre de 2011 y las encuestas no favorecen a Daniel Ortega, que desea perpetuarse en el poder cueste lo que cueste. Necesita algo, un enemigo que una al país. Su gobierno requiere apoyo y un conflicto fronterizo siempre logra despertar los sentimientos nacionalistas.
No es cuestión de meterse con Honduras: ellos sí tienen un ejército bien equipado.
En cambio, provocar un pleito con Costa Rica tiene todos los visos de ser exitoso. Después de todo es el país limítrofe con el que siempre ha tenido relaciones tensas por las más diversas razones, entre ellas la navegación por el río San Juan, conflicto que llegó a las instancias más altas de la jurisdicción internacional.
El famoso Comandante Cero, Edén Pastora que ha vivido gran parte de su vida en nuestro país siendo el enemigo sempiterno de los Ortega ahora es el encargado de dar la cara por el gobierno de Nicaragua que ha ocupado un pedazo de territorio costarricense.
Uno podría afirmar que don Edén es un tonto útil, pero quién sabe qué le prometió el presidente Ortega si logra mantenerse en el poder. Tal vez es útil, pero no tonto. Aunque sus declaraciones lo hagan parecer como tal.
Afirmar que el conflicto ha sido iniciado por Costa Rica con el objetivo de lanzar una cortina de humo por el desastre de la carretera de Caldera y la oposición al proyecto minero de Crucitas, no tiene pies ni cabeza. Primero porque fueron sus acciones de dragado en el río San Juan lo que desató la tensión entre los dos países; segundo porque quienes estamos en contra de la minería a cielo abierto o consideramos una barbaridad que se haya inaugurado una carretera sin estar lista, no dejaremos de manifestarnos solo por una acción militar de nuestros vecinos.
Justificar la invasión de las tropas nicaragüenses en nuestro suelo argumentando como prueba un mapa de Google un simple elemento de diversión en Internet resulta alucinante. Casi un chiste.
Lo peor es que nuevamente si no se logran las negociaciones diplomáticas pertinentes (por suerte don José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) vendrá a estudiar el caso) ambos países tendrán que dirimir el pleito en la Corte Internacional de La Haya, con lo oneroso que esto resulta para dos países pobres.
Pobres sí, solo que los índices de pobreza en Nicaragua y los salarios de sus funcionarios son muy superiores a los de Costa Rica.
Doña Laura Chinchilla tiene ya suficientes problemas objetivos que resolver. Más allá de Crucitas o la fertilización in vitro, ahora se enfrenta con una desgracia nacional: las inundaciones en todo el país provocadas por la tormenta Tomás que se han cobrado decenas de víctimas. Esta tragedia sí merece la unión de todos los costarricenses en solidaridad con los afectados.
Que los militares inventen conflictos fronterizos para mantenerse en el poder es un capítulo repetido de la historia. ¿Todavía logran movilizar a los pueblos? ¡Qué triste!

Claudia Barrionuevo
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