Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 20 Abril, 2011


Pizarrón
Coaliciones, fusiones y alianzas electorales


El Código Electoral establece dos figuras de unidad de dos o más partidos políticos a efectos electorales, la coalición y la fusión. Coaliciones y fusiones se dan en los procesos electorales.
Mediante la coalición los partidos se unen, con acuerdo de sus Asambleas Nacionales, Provinciales o Cantonales, según el caso, en una nueva organización, con otro nombre, con candidatos comunes y una vez pasada la elección los partidos que se unieron siguen con su independencia y existencia en caso de disolverse o no la coalición. Obviamente, esta existirá si elige representantes y actúan en su nombre.
La fusión lleva a la eliminación de los partidos que se unen en la nueva organización que nace, desapareciendo los que le dieron origen, y presentando candidatos del nuevo partido que resulta de esta unión, como es el caso del PUSC que así surgió.
La alianza no existe como figura electoral. Sin embargo, en la elección nacional de 2006 y en la de alcaldes de 2010 se usó en el lenguaje electoral. En 2006 cuando desesperadamente varios candidatos y partidos le dieron su adhesión al PAC, pocos días antes de la votación, para canalizar allí sus votos contra el PLN y su candidato Oscar Arias, con el consecuente resultado de que la tal alianza no aparecía en las papeletas electorales y los votantes se encontraban los partidos tal como habían sido inscritos, con la confusión que ello provocaba. De hecho la tal alianza era una renuncia de esos candidatos, que dejaron de llamar a votar por ellos y pedían votar por el PAC, con resultado para ellos desastroso. Además, era una alianza sin programa ni documentos comunes de proyectos a impulsar en el caso de que hubiera ganado.
En la elección de alcaldes de diciembre se dieron varias coaliciones, cuyo resultado en votación fue altamente satisfactorio, demostrando que donde se impulsaron fueron exitosas y respondieron al clamor de los electores que las apoyaron. Igualmente, se repitieron alianzas que no tenían referente en las papeletas y por tal no dieron ningún resultado medible y fueron por ello confusas al carecer de espacio en las papeletas.
Hacia las elecciones de 2014 ya se habla equivocadamente de alianzas, puesto que el Código Electoral no las tiene como figuras y solo reconoce coaliciones y fusiones. Las coaliciones obligan a preparar mejor, y con tiempo, dicha posible unión y a las propias bases y dirigentes de quienes desean unirse y deben tomar dicho acuerdo. Hablar de alianzas en los términos que se ha hecho en estas últimas dos campañas es perder tiempo y engañar a los electores.
Las conversaciones para la coalición, porque no parece haber ambiente para fusionar los partidos opuestos al PLN son válidas pero, mientras no materialicen en el proyecto de coalición, no serán más que reuniones de amigos y personajes, algunos, tomando café y tomándose el pelo, pelándose los dientes y viendo qué ventaja logran a priori.
Algo parecido pasa en el Poder Legislativo cuando los partidos allí representados desean alzarse con el Directorio Legislativo.
La Asamblea Legislativa no gobierna. El país se gobierna desde el Ejecutivo con sus ministerios e instituciones, donde algunos de esos partidos tienen miembros en sus juntas directivas comparten el poder y cogobiernan.
Más parece por la forma una montonera que una revolución lo que allí se fragua, cuyo resultado puede ser el caos y la anomia total. ¿Será serio o politiquero lo que desean hacer?

Vladimir de la Cruz