Alberto Cañas

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Sábado 26 Enero, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

No se ha explicado todavía por qué se está pensando en un nuevo ferrocarril Heredia-San José, existiendo el viejo. En todo caso, me congratulo de que nuevamente se esté pensando en términos de ferrocarriles. Europa nunca cerró los suyos; los europeos siguen transportándose por tierra en tren; todavía el Orient-Express es uno de los grandes paseos del viejo mundo, y si en los Estados Unidos los ferrocarriles no han mantenido su importancia, ello es porque sus grandes distancias se cubren mejor por aire, y en lo demás puede ser (lo digo tratando de pensar como Mark Twain), que a los norteamericanos lo que les encanta es gastar gasolina y sólo les gustan los medios de transporte que gastan gasolina. Sea de Tejas o de Iraq.

En todo caso, lo que a este servidor de ustedes se le habría ocurrido sería proponer que se electrificara la vía existente entre Heredia y San José (con vistas a electrificar algún día la ruta a Limón), pero supongo que lo que se ha acordado está bien estudiado, y gracias sean dadas.

Lo que sigo creyendo es que la famosa Colón-Caldera debería concebirse como carretera y no como autopista, para que la carga pesada desde Caldera la traigamos por el Ferrocarril al Pacífico, economizando así no sólo gasolina (el ferrocarril gasta agua) sino también carretera (los furgones destrozan las carreteras). En todo caso, me pregunto si esa carretera la van a construir de asfalto (que es material petrolero importado) o de concreto, (que es material nacional de cemento y más resistente). Nadie sabe por qué hace años las carreteras costarricenses no se construyen de concreto. Otra cosa que los gobiernos que nos gobiernan no explican.

He vuelto, en estos días, a encontrarme textos en que a la capital de China se le llama Beijing (sin decir cómo debemos pronunciar esa palabra, que tiene alguna anglofilia). Esa, como muchísimas ciudades antiguas, tiene distintos nombres en distintos idiomas. En inglés, la capital de China se llamó siempre Peking, y en español Pekín. Copio del Diccionario Panhispánico: “El nombre Beijing es resultado de la transcripción de los caracteres chinos al alfabeto latino según el sistema ‘pinyin’ desarrollado en China a partir de 1958”. Pero eso no significa que nosotros debamos cambiarle el nombre español a la ciudad, ni menos decir Beijing pronunciándolo a la inglesa como hacen algunos fanáticos del “sí señor”. Igual seguiremos llamando Florencia a Firenze, Ginebra a Geneve, Aquisgrán a Aix-la-Chapelle, Londres a London, Moscú a Moskva, Burdeos a Bordeaux, Viena a Wien, Praga a Praha… y así sucesivamente. Las agencias de prensa han dado en escribir Beijing, pero no hay razón para que nosotros le cambiemos su nombre español a una ciudad que siempre hemos llamado Pekín, por otro que no sabemos cómo ha de pronunciarse en castellano. ¿Que ese nombre español no responde a la transcripción de los caracteres chinos al alfabeto latino según el sistema pinyin? Problema interno de los chinos. Nosotros no tenemos por qué cambiar un nombre que tiene siglos de existencia.

Muchas gracias a quienes me han buscado para celebrar mi descubrimiento de que en el mundo político que nos rige ha aparecido una especie inferior a la gradería de sol: los que no encontraron asiento en la gradería y son políticos de a parado.

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