Alberto Cañas

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Sábado 8 Marzo, 2008

Chisporroteos

Alberto F. Cañas

Por fin todo el país se está preocupando por el estado de la justicia. Y aunque la gente solo habla del estado del Poder Judicial, prefiero decir de la justicia porque, aunque algunas dependencias del Poder Judicial no anden del todo bien, lo que anda peor es la justicia misma, y por culpa de las leyes. De las leyes penales principalmente.
Hace unos días hubo una gran indignación porque un juez de Puntarenas soltó a ciertos piratas y no les decomisó el barco, etc. Luego se supo que la ley no le permitía otra cosa.
Me temo que la juez que ha sido suspendida por un escandalito de adopciones, terminará por quedar tranquila porque podrá demostrar que actuó de acuerdo con alguna ley.
Y para qué seguir. Lo malo, lo espantoso, son las leyes.

Este país es delicioso. 1) Nos quejamos de una cosa; 2) Aparece que esa cosa está autorizada cuando no obligada por una ley; 3) Abominamos de los encargados de hacer las leyes (los diputados), los juzgamos ineptos y la prensa se burla sistemáticamente de ellos; 4) No nos preocupamos en lo más mínimo por estudiar las características de los aspirantes a diputados, y votamos por los que nos proponga el partido a que adhirieron nuestros padres; 5) Elegimos una Asamblea Legislativa compuesta por una enorme cantidad de ineptos cuando no de corruptos; 6) Nos quejamos cuando esa Asamblea no legisla a alta velocidad; 7) La alta velocidad, y la calidad de los diputados, se unen para producir leyes que se para el sol a verlas; 8) Nos quejamos de los jueces cuando aplican esa leyes; 9) Viene una elección y volvemos a elegir diputados ineptos, mientras algunos de los ineptos anteriores pasan a posiciones ejecutivas de alto relieve porque los partidos tradicionales ya no conciben la figura del ex diputado sin chamba; 10) Se repite la historia.

Ahora resulta que se están uniendo todos los gobernantes amigos de Hugo Chávez o que esperan sacarle plata, para armarle un escándalo a Colombia por lo que evidentemente fue una violación por parte de Colombia del territorio ecuatoriano. Pero le están dando a esa violación unas características que casi casi la equiparan al holocausto ordenado por Hitler.
En países inestables como los que por aquí, es frecuente que grupos alzados en armas se refugien en un país fronterizo. Claro, no ha existido una guerrilla más criminal e irresponsable, mezcla de demagogia con narcotráfico, que la que azota a Colombia hace décadas, asesinando, secuestrando, violando todos los derechos humanos… y refugiándose en países extranjeros. Toda América debería estar respaldando y ayudando a Colombia a deshacerse de la maldición que es esa banda de criminales.

Nuevamente, como en la década del 40, la gente está encontrando en la rechifla la manera de expresar su desaprobación a la labor del gobierno. Sinceramente creo que las cosas andarían mejor si el gobierno comprendiera que es un gobierno de minoría, y actuara en consecuencia, pensando que una mayoría del pueblo no votó por ellos, y que tienen que ser cuidadosos si aspiran a tener éxito. Pero cositas como incluir una privatización de los teléfonos fijos en las leyes llamadas complementarias que nuestros plenipotenciarios ofrecieron sin que nadie se las pidiera, lo que indica es un absoluto desprecio por la realidad del resultado electoral del 2006.

El número recientemente publicado de gente que ha acudido a contemplar los dibujos de Rembrandt que se exhiben en los museos del Banco Central, es para que recuperemos una parte del optimismo que nos caracterizó como país hasta la crisis del petróleo en 1980. Lo mismo, la cantidad de público modestamente trajeado que pude ver el domingo anterior en la función de matiné de Rigoletto.

Y este otro dato un poco anterior: que en los dos conciertos en que la Orquesta Sinfónica ejecutó el año pasado la novena sinfonía de Beethoven, se agotaron las localidades.

Ni es tan fiero el león como lo pintan, ni tan bruto el costarricense como lo creen en ciertos círculos.

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