La impresionante resistencia del Cartaginés, que sostuvo un 0-0 frente al Vancouver Whitecaps durante 148 minutos, deja enorme lección si comparamos la estrategia, el gigantesco desgaste físico, la coordinación de líneas, el esfuerzo y la motivación en zona de retaguardia y desde luego, la buena suerte del equipo que correctamente Amarini Villatoro paró en la cancha, con el ritmo lento, inoperante, ausente de ideas, sin explosión ni velocidad, que muestra el campeonato nacional, la diferencia entre los dos eventos resulta abismal.
En el fútbol criollo, desde la Selección Nacional hasta el último equipo que compite en el campeonato, los aficionados NUNCA observan un partido con la intensidad que se vio en esta serie entre brumosos y canadienses.
En este caso fue el Cartaginés el que tuvo que soportar un asedio constante, vertiginoso, explosivo, repleto de ideas y cambios de juego, con ritmo trepidante de los gatos blancos de Vancouver, que rompieron la retaguardia brumosa hasta el minuto 58 del juego de vuelta.
Serie heroica de un muro de contención que formaron Kevin Briceño, Carlos Barahona, Diego Mesén, Fernán Faerron, Diego González, Suhander Zúñiga, Luis Flores, Douglas López, Christopher Núñez y Marcelo Pereira, con el sacrificio táctico de futbolistas ofensivos como los foráneos Gaete, Márquez y Fernández.
Bien lo manifestó Faerron, punto altísimo de la zaga brumosa: “este tipo de partidos, contra rivales de peso, repletos de estrellas, que te exigen al máximo, que no dan tregua y que te asfixian con una presión constante, que no cesa, son los que te permiten crecer y mejorar tu rendimiento”.
Lleva razón este excelente defensor, quien se lució en la serie. En el campeonato nacional, los equipos que aportan futbolistas a la Selección Nacional como Saprissa, Herediano, Alajuelense y Cartaginés, NUNCA enfrentan a rivales que los sometan a una presión y a una intensidad de juego como la que el Vancouver volcó contra los brumosos, ni cuando se enfrentan entre ellos.
Observar, analizar, disfrutar, cómo juega el Vancouver Whitecaps y comparar el vértigo de su zona ofensiva, con los pálidos, aburridos y rutinarios partidos del campeonato nacional, obliga a aplaudir el esfuerzo del Cartaginés, digno adversario de un rival que intentó hincarlo, someterlo, pero pegó con cerca. Ganaron la serie, eliminaron al rival, pero le reconocieron su hidalguía, sacrificio y pundonor.





































