En caso de que estalle un conflicto a escala global, si es que ya no lo ha hecho, se va a dirimir sin duda en las áreas de la robótica y la Inteligencia Artificial. Unas áreas que en los últimos años ya se han cobrado gran cantidad de víctimas en el camino. Víctimas por conflictos bélicos pensados como si fuesen auténticos “laboratorios” (con Gaza y Ucrania como ejemplos clarísimos), pero víctimas también en el terreno profesional dentro de la ruptura social y política más profunda desde la Caída del Muro de Berlín. Es bien curioso que aquel histórico año de 1989 en el que el capitalismo neoliberal puso de rodillas a los regímenes comunistas, y que dejó a Estados Unidos como el ganador que se lo quedó todo, en realidad a quien verdaderamente catapultó fue a China. El visionario Karl Marx ya dejó claro en el siglo XIX que “el hombre lleno no entiende las necesidades del hambriento”. En este caso, hace cuatro décadas “el hombre lleno estadounidense” podía burlarse del “hombre hambriento chino”, pero este es justo el giro de la historia frente a los que creyeron entonces que ya no había nada más que hacer. Nadie entendió, o nadie lo supo ver, que la “China hambrienta” estaba despertando para ganar la batalla de la globalización. Y hoy, el “hambre de China” alcanza todas las áreas como respuesta a la ambición estadounidense.