Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 6 Septiembre, 2013

Dos grandes ciudadanos amigos han desaparecido físicamente. Pero su legado y trayectoria de hombres de bien, perdurarán


Ausencias

Mientras en el pasado fin de semana se clausuraba con notable éxito la versión 14 de la FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO, uno de los escritores más brillantes de nuestras letras desaparecía físicamente. El dramaturgo y novelista Samuel Rovinski nos ha dejado. Samuel tuvo el merecido privilegio de ser considerado en vida un clásico de la dramaturgia costarricense, al lado de Alberto Cañas y Daniel Gallegos.
Las obras de estos tres maestros constituyen un legado invaluable de la cultura nacional. Pero los tres son muy diferentes más allá de la honda y permanente amistad que los ha unido.
Cañas cultiva la comedia, Gallegos la tragedia, Rovinski el drama, lo que le permite asumir un claro compromiso en defensa de los derechos humanos, como lo prueba su obra más reconocida internacionalmente, EL MARTIRIO DEL PASTOR.
En GULLIVER DORMIDO hay un trasfondo de crítica política claramente delineado. Sin embargo, su obra más popular, que la hace ser posiblemente la pieza más representada en las tablas nacionales, es LAS FISGONAS DE PASO ANCHO, donde la picaresca, inspirada en un contexto cultural suburbano, se une magistralmente a la crítica social con una manifiesta simpatía por los sectores populares.
Considero, por ello, muy justo que se haya estudiado su aporte a la dramaturgia nacional en un reciente homenaje que fue organizado por la Escuela de Filología de la Universidad de Costa Rica.
Su creación en la novelística no es menor. CEREMONIA DE CASTA es una novela pequeña en tamaño, pero gigantesca en su aporte a la crítica socio-política. Esta obra trata de la crisis terminal de la hegemonía política de una clase social tradicional, la oligarquía cafetalera. Pero no tiene ribetes trágicos; en su lugar, la crítica viene acompañada de un sutil sabor irónico que la distancia de la estética costumbrista.
Samuel dio muestras de una lúcida y valiente conciencia en sus posiciones ideológicas, pero nunca destiló amargura ni odio. Mantuvo una actitud de lealtad a los mejores valores de nuestro pueblo, con el cual siempre se identificó.
Lamentablemente no le fue conferido el Premio Magón, pero ya en la memoria agradecida de quienes lo conocimos ha sido galardonado de esa y de múltiples maneras.
No había terminado de asimilar el golpe que significó para Xinia, mi esposa y para mí la muerte de este gran intelectual y buen amigo que fue Samuel Rovinski cuando la prensa nos trajo la infausta noticia del deceso de otro gran amigo de muchos años, José Miguel Alfaro fue un esclarecido jurista y un político patriota. Fue leal al presidente Rodrigo Carazo en todas las circunstancias. Su valentía e integridad fueron su norma de conducta en todas las circunstancias de la vida. Su aporte a los valores democráticos no se limitaron a nuestras fronteras. Su labor en el área centroamericana ha sido universalmente reconocida. Como muestra de lo dicho, en días pasados, la Cátedra de Teoría del Estado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica, dirigida por el Dr. Jaime Ordóñez, le rindió un merecido homenaje, que compartió con nuestro común amigo el ingeniero Rodolfo Silva.
Dos grandes ciudadanos amigos han desaparecido físicamente. Su ausencia se hará sentir en nuestro medio cultural y político. Pero su legado y su trayectoria de hombres de bien, perdurará.