Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 23 Noviembre, 2015

Al interior de cada persona la única respuesta constructiva es el amor y la tolerancia. El odio y la violencia personal que surgen del miedo fortalecen los objetivos de los terroristas

Disyuntivas

Ante la muerte y el dolor, el derecho y el amor

No puede dejar de espantarnos la maldad. Pasan los años y los siglos. Se predica la solidaridad, el amor y el respeto a la vida y a los derechos humanos. Y Caín sigue levantando su vil puño contra Abel y cada día con medios más poderosos para matar.
Nos causa justa indignación y rabia ver cómo seres humanos matan a inocentes, siegan vidas de gente indefensa y anónima, acuden a la crueldad para llamar la atención y usan como su arma el terror.
El Institute for Economics and Peace reporta que el año pasado murieron víctimas del terrorismo 32.658 personas, principalmente en Afganistán, Irak, Nigeria, Pakistán y Siria, y los principales victimarios fueron el Estado Islámico y Boko Haram.
Este año sufren París, Ankara, Nigeria, Kenia, Kuwait, Túnez, Bangkok, Somalia, Beirut, el avión de pasajeros ruso y por supuesto Afganistán, Irak y Siria.
En los vastos territorios conquistados en Irak y Siria por el Estado Islámico millones de civiles son desplazados, las familias pierden sus terruños, cristianos y yazidíes son martirizados.
No podemos evitar la ira ante tanta atrocidad. Pero la ira no construye. Imitar al terrorismo de grupos sociales y ahora el del Estado Islámico solo lograría el triunfo de la barbarie.
Debemos evitar caricaturas injustas y generalizaciones crueles. La gran mayoría de los musulmanes no son yihadistas ni pretenden imponer una sharia o ley basada en costumbres islámicas primitivas. Debemos honrar nuestra cultura y valores cristianos, no caer en el vacío de un pragmatismo sin valores, y respetar la religión de Mahoma.
Al interior de cada persona la única respuesta constructiva es el amor y la tolerancia. El odio y la violencia personal que surgen del miedo fortalecen los objetivos de los terroristas. Nuestra conducta debe basarse en los mejores principios de las distintas religiones: el respeto a la dignidad humana y, la regla de oro, ser con los demás como deseamos que los demás sean con nosotros.
Nunca debe ser el terrorismo excusa para que no se ejerza la solidaridad y el apoyo a los refugiados desplazados por los conflictos.
Como sociedades y como estados, la respuesta debe basarse en el derecho, en el uso de la tecnología y la inteligencia, en la negociación de alianzas, en las fuerzas y las instituciones internacionales. No en la venganza ni tampoco en la violencia desproporcionada. De todos modos contra la maldad no hay prevención infalible.
Claro que no puede la comunidad internacional permitir la existencia de un cuasiestado con población, territorio, recursos (1 o 2 billones de dólares de ingresos petroleros y otro tanto de cobros a las poblaciones dominadas) y dedicado al terrorismo y la conquista.
Pero la destrucción del pretendido califato no puede ser a costa del odio y el resentimiento de cientos de millones de musulmanes moderados.
La fuerza utilizada debe ser la estrictamente necesaria, contar con el mayor respaldo musulmán posible y que no pueda ser considerada como una renovación del colonialismo occidental o de los intereses petroleros.
Con visión de largo plazo, esta no debe ser ocasión para reivindicar la arbitrariedad ni la mera fuerza de los ejércitos nacionales. Debe ser una oportunidad para fortalecer el derecho internacional y las Naciones Unidas.

Miguel Ángel Rodríguez