Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 9 Noviembre, 2010


Amojonar la OEA

No está muy claro en qué momento de las seis horas de espera que el Secretario General de la OEA tuvo que soportar en Managua, el Espíritu Santo bajó hasta su calvicie y le iluminó que lo mejor era amojonar la frontera entre Nicaragua y Costa Rica.
No está claro si el domingo mientras viajaba en helicóptero con Ortega a la frontera, Insulza vio las tropas nicas en Isla Calero o la bandera ondeando. Si estuvo claro el lunes que, tras avisar a todo galillo que sobrevolaría la zona, ya no había ni rastro de uno u otro.
Como tampoco está claro en qué momento el reclamo costarricense para que las fuerzas armadas nicas se retiren de su territorio, dio paso en la mente del encargado de la OEA a ser un tema de deslinde fronterizo. Máxime, que el propio José Miguel Insulza había reconocido que la OEA no tenía potestad alguna para intervenir en temas fronterizos.
Recurrir a la OEA fue una decisión que parecía acertada. Sin embargo, hubiera sido bueno revisar el editorial de The Washington Post del 10 de febrero en que se pedía a la administración Obama no apoyar la reelección de Insulza. Para el diario, la OEA ha fallado en su propósito de promover y consolidar la democracia representativa y más que nunca, durante el reinado del chileno. Traduzco libremente lo que editorializaba en su momento el diario: “Socialista chileno, el Sr. Insulza ha descaradamente atendido a los líderes izquierdistas de la región lo que frecuentemente ha implicado que ignore los principios democráticos”. ¡Qué adivino el Washington Post!
De vital importancia es la resolución que tome la OEA respecto de la denuncia costarricense. No solo para nosotros, sino también para la vigencia y trascendencia de un organismo que ha excedido lo primero y que respecto de lo segundo, ha tenido siempre muy poco.
Costa Rica conoce muy bien las vías del derecho internacional, así como también su ineficacia. Sin embargo, no tenemos muchas más opciones a que acudir. Así es que todo este embrollo no pasará más allá de recriminaciones recíprocas y, seguramente, la guía virtuosa de Insulza nos llevará a un proceso de distensión y diálogo que nos acostumbre a la violación reiterada de nuestra soberanía por el vecino del norte.
Tristemente, tenemos cosas y sobre todo hermanos costarricenses que tras la semana anterior requieren nuestro compromiso y ayuda. A ellos debemos abocarnos todos y, ¿por qué no?, dedicar el presupuesto de mantener nuestra silla en la OEA a atender nuestras necesidades aquí y ahora. Ciertamente esto último sería un uso más provechoso de nuestros limitados recursos.

Pedro Oller