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Jueves 8 Enero, 2015

Las afirmaciones que llevan a permitir todo desde el puro argumento del amor y los juicios de valor que atacan a los matrimonios de hombre y mujer indicando que se sostienen solo “por costumbre”, son ideas que no vale la pena ni considerar


Al margen de una entrevista

Una de las cosas que más se resienten, desde la perspectiva teológica, a la hora de leer notas periodísticas acerca de temas religiosos, es la falta de precisión en el lenguaje y los errores doctrinales casi proverbiales.
Hace poco, a propósito de una entrevista hecha por este periódico a un diputado que hace años no ejerce el ministerio sacerdotal, hemos sido testigos, una vez más, de ese vicio en el periodismo al referirse a cuestiones eclesiales y teológicas.
Estoy claro de que la nota no desea ser una cátedra teológica. Fue solamente una manera, la peor de todas, de abordar temas polémicos que están sobre la mesa de las discusiones políticas. Digamos alguna palabra acerca de la entrevista en cuestión.
Empecemos con un detalle. El periodista Arrieta, autor de la entrevista, escribió al inicio de la misma que el señor diputado G. Vargas pidió hace años la dispensa de su estado (no sabemos si la tiene ya o no), “colgó los hábitos” y se unió sin más a un partido comunista. En adelante, sin embargo, el periodista, no sé por qué razón, parece disfrutar llamando “sacerdote” a su entrevistado e indicando que los que lo somos al presente resultamos ser sus “homólogos”.
Al responder, el Sr. Vargas en la entrevista de marras (La República 24-12-14, p.6), estira y encoge argumentos morales, bíblicos y teológicos para acomodarlos a su parecer y a la línea partidista a la que hoy se ha plegado. Alterna varios juicios de valor con una serie de oscuros argumentos “ad hominem”. Al final, el resultado es el esperado: plantea su propio magisterio infalible sobre temas que merecen mejor suerte y reflexión.
El diputado Vargas aborda, a partir de las preguntas que se le plantean, cuestiones muy diversas, pero a su manera. Por ejemplo, al inicio, dice que la doctrina social de la iglesia es su motivación para estar en un partido comunista. Extraña manera de entender esa doctrina social que siempre ha condenado los extremos, esto es, el comunismo ateo y el capitalismo sin rostro humano. Mal modo de empezar.
Pero aún hay más, como pasa tan a menudo, dado que parece que más de uno desconoce el numeral 2358 del Catecismo de la Iglesia y no sabe que para que haya responsabilidad moral se requiere libertad de elección y conciencia, en la entrevista publicada se vuelve sobre el gastado tema de la valoración moral de la condición homosexual como si la Iglesia la condenara. Se olvida que los temas que la moral católica cuestiona y discute al presente son otros, por ejemplo: la moralidad de los actos, la equiparación de uniones civiles de personas del mismo sexo al matrimonio heterosexual y la adopción de niños por parejas del mismo sexo.
Los asuntos enunciados son temas más complejos de lo que Vargas supone: no es un enfoque de la extrema derecha eclesial (fallido intento de falacia por asociación o “ignoratio elenchi”), es cosa de teología moral seria y bien fundada. Desde los teólogos más liberales hasta los más conservadores, al abordar estas cuestiones, muestran sus reservas en mayor o menor grado.
Finalmente, las afirmaciones que llevan a permitir todo desde el puro argumento del amor y los juicios de valor que atacan a los matrimonios de hombre y mujer indicando que se sostienen solo “por costumbre”, son ideas que no vale la pena ni considerar.
 

P. Mauricio Víquez L. PhD.