Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 27 Septiembre, 2013

Daniel urge legitimar su liderazgo exacerbando el ultranacionalismo. Por eso crea conflictos fronterizos alegando que Nicaragua ha sido víctima de la voracidad de sus vecinos


Abanderados del derecho internacional

Por desgracia ya es rutina tener que referirse a las querellas que han hecho de nuestra frontera Norte la región más conflictiva de nuestra geografía y de nuestra historia.
Dos pueblos, llamados por la historia, la geografía, la cultura y el intercambio de población a ser hermanos y a convivir dando ante el mundo un ejemplo de paz y cooperación mutuas, no han disfrutado de un periodo histórico en que estos signos distintivos de una vida civilizada se hayan cumplido a cabalidad.
Incluso nuestros dos más graves conflictos militares, que han involucrado a la comunidad internacional, como han sido la Guerra Patria de 1856 y la lucha guerrillera que culminó en la caída de la dinastía de los Somoza, tuvieron como escenario en gran parte a nuestro propio territorio. En ambos casos, Costa Rica pagó con una cuota de sangre la inestabilidad política de nuestro vecino.
Nuestras crisis con Nicaragua no tienen que ver con factores ideológicos, ni con el régimen imperante, ni con el partido o los gobernantes, sino con causas estructurales inherentes al desarrollo político de ambas naciones.
Mientras Costa Rica logra la formación y consolidación de su Estado nacional ya en el siglo XIX, Nicaragua ve frustrada esta tarea durante todo el siglo XX. La caída de Santos Zelaya en 1909 y la subsiguiente invasión de marines agravó su crónica inestabilidad política.
El somozato no fue sino un retroceso hacia el feudalismo. El delirante salto hacia el socialismo por parte de los nueve comandantes en la década siguiente no hizo sino prolongar el dolor del pueblo y la amenaza de una confrontación regional. Hoy gobierna de nuevo el Frente Sandinista, pero el Ortega de hoy no es el mismo de la década de los 80.
El neosandinismo tiene como tarea impostergable consolidar un Estado nacional viable y estable. Para ello debe ejercer una hegemonía que unifique a toda la nación. La alianza de Daniel con las cámaras patronales, el faraónico sueño de construir un canal interoceánico, la desesperación por insertarse en el mercado mundial del petróleo buscan forjar una unidad nacional que haga inviable cualquier intento de oposición.
Pero Daniel urge legitimar su liderazgo exacerbando el ultranacionalismo. Por eso busca crear conflictos fronterizos alegando que Nicaragua ha sido víctima de la voracidad de sus vecinos.
En esta seria coyuntura a Costa Rica solo le queda recurrir al derecho internacional. Costa Rica asumió los graves desafíos de los 70 y 80 inspirándose en sus mejores tradiciones y en los más altos valores universales.
Hoy que vivimos la globalización, no solo de la información y de los mercados, sino también de los conflictos, la humanidad solo podrá sobrevivir si es fiel al derecho internacional.
Si la Presidenta y el Canciller en las instancias internacionales logran convencer a la comunidad internacional de la justeza de sus argumentos, nuestro pequeño país no solo lograría sus objetivos, sino que se convertiría en ejemplo para el mundo.
 

Arnoldo Mora