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Sábado 19 Octubre, 2013

“Amo a mi familia, pero no puedo vivir en Costa Rica tras rejas, sabiendo que me van a quebrar los vidrios del carro, que corro peligro si voy a una fiesta y regreso tarde…”


¡Yo no quiero vivir en Costa Rica!

Llorando copiosamente en mi consultorio, trata de hacerme entender las razones por las cuales no quiere regresar a Costa Rica esta joven de 25 años, después de haber cursado con mucho éxito sus estudios de grado y postgrado en diferentes países fuera de aquí.
Con su autorización, quiero compartir el sentimiento que embarga, no solo a Sofía, sino a muchos jóvenes que representan una gran fuga de cerebros para una nación que los necesita, pero que a la vez, los desacredita y tal vez hasta los subestima.
Como a Sofía, he tenido bastantes pacientes jóvenes que no han podido tolerar la frustración y la indiferencia con que el país los recibe pidiéndoles engorrosos trámites que acrediten materia por materia los cursos que han llevado en prestigiosas universidades, con burocráticos papelitos, sin aprovechar las facilidades tecnológicas que se ofrecen en el resto del mundo.
Agreguemos los risibles salarios a estos muchachos y muchachas que vienen con una formación “de envidia”. Todos terminan devolviéndose.
Lo anterior no es nada… Sofía me decía “tengo derecho a vivir en un país sin sentir miedo, sin tener que cuidarme siempre de un asalto, pudiendo pasar horas en un parque con mi computadora sabiendo que nada me va a pasar, andar en bus/taxi a cualquier hora de la noche sabiendo que voy a llegar segura a mi casa…”. “Quiero creer o intentar creer en los políticos y no seguir defraudada…” “No quiero vivir en un país donde prevalezca la consigna del Pachuco, en donde la mujer es acosada emocional, verbal y sexualmente porque la misoginia está en las calles, en las fiestas, en los bares, en las universidades y en muchos lugares de trabajo, y eso que CR se jacta de ser una sociedad igualitaria…”. “¡Quiero vivir en un país donde la gente sepa manejar! Donde los conductores sepan que el carril izquierdo se usa solamente para adelantar y no para conducir lentamente y obstaculizar aún más el tránsito”.
“Amo a mi familia, pero no puedo vivir en Costa Rica tras rejas, sabiendo que otra vez me van a quebrar los vidrios del carro, que corro peligro si voy a una fiesta y regreso tarde en la noche…”.
Al igual que Sofía, he tenido pacientes que han emigrado a Suramérica, Europa, USA, China, etc. no solo por mejores salarios y calidad de vida, sino porque ansían manejar sin presas provocadas por “el hueco de la semana”, porque ya no pueden devolverse a la mediocridad a la que nos hemos acostumbrado los costarricenses.
Cuando escucho la tediosa propaganda de este Gobierno haciendo alarde de que Costa Rica es el país más seguro de Latinoamérica, solo pienso en Sofía: en lo ubicada que está, en lo valiente que es al decir “hasta aquí”, en el futuro que le espera al pretender vivir sin miedo, sin tener que aparentar creer en promesas políticas, sin tener que alimentarse todos los días de la paranoia que vivimos, sin tener que manejar con vidrios de ocho micras o más en su carro para que no la asalten. Pienso en ella cuando su presente y su futuro no sean determinados por el miedo…


¿Estará Sofía pidiendo mucho? ¿Serán estas ambiciones juveniles, elementales derechos humanos?
¿Por qué estos muchachos y muchachas de tan alto nivel intelectual y con una formación y capacidad crítica admirables, no quieren vivir más en el país “más feliz del mundo”?

Saray González Agüero

Psicóloga clínica