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Una lamentable coyuntura en la que cada quien parece halar para su lado, sin importar consecuencias, es lo que vive Costa Rica hoy

Una hermosa nación trabada

Como un objeto del cual muchas personas halan, sin importar que se despedace, Costa Rica es vapuleada permanentemente por quienes solo buscan satisfacer una codicia que, no teniendo límites razonables, parece haber enfermado una parte de la población.
Así, mientras por un lado el Poder Ejecutivo busca una reforma en el sistema salarial del Estado, como medida urgente para frenar el desorden y el déficit fiscal, el presidente actual del Congreso avala un aumento en las anualidades de los trabajadores de la Asamblea Legislativa que costaría a los costarricenses contribuyentes al menos unos ¢200 millones más al año.
Esta actitud, emanada del Primer Poder de la República, sin que ello responda a un verdadero estudio que incluya una revisión del sistema salarial del Estado, es ni más ni menos que un claro ejemplo de lo que decíamos al inicio: cada quien hala para su lado sin importar consecuencias.
Las desigualdades en la remuneración, ante trabajo o responsabilidad semejantes, que reciben unos y otros puestos dentro del sector público, su diferencia con la mayoría del sector privado que coloca a aquel en situación de claro privilegio, son tan preocupantes como las consultorías, que no solo han llegado a constituir una especie de “planilla paralela”, que desangra aún más al erario, sino que son servicios profesionales por los cuales ni siquiera se paga a la Caja las cuotas obrero patronales.
Esto es grave, porque lejos de irse eliminando la necesidad de consultorías mediante la adecuada formación y actualización del personal de cada institución (labor de los jerarcas), pareciera que más bien se ha ido favoreciendo, por omisión, un desmejoramiento en ese sentido, que aumentó la demanda de consultorías y con ellas las malas prácticas que además de generar planillas paralelas han minado el sistema solidario que caracteriza al país y a la sociedad costarricense en general.
Es decir, que una hermosa nación, con todas las posibilidades de caminar con éxito, se encuentra lamentablemente trabada en las redes producidas en buena medida por el egoísmo, la falta de visión y la inoperancia. Obstruida su ruta por quienes no han podido elevarse por encima de todo ello y conducir con inteligencia y altruismo al país hacia el futuro que sus habitantes merecen.
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