Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 3 Julio, 2013

El papel responsable más importante en la crítica política y pública lo tiene la prensa en su conjunto


Pizarrón

¿Son criticables los gobernantes?


Sí, se pueden y deben criticar y juzgar, eso sí, con sujeción a principios, reglas y con juicios formados sobre sus actos. La obra de un gobierno, y sus funcionarios, se puede censurar y emitir opiniones sobre ellos. En buena lógica la crítica debe acompañarse de la propuesta alterna a lo que se critica.
Lo que la crítica no permite es, en nombre de ella, en forma pública o privada, mentir, difamar, calumniar, injuriar sin ninguna responsabilidad. Quien lo hace asume consecuencias civiles y penales por sus actos irresponsables.
La crítica por la crítica no contribuye en nada, produce desconfianza política y social, crea incertidumbre, hace perder esperanzas, y conduce peligrosamente al inmediatismo político callejero sin norte ni ruta.
Mentir es decir o afirmar lo contrario a lo que se sabe y cree, e inducir a error de antemano sabido falso, incluso con engaño.
Difamar es el acto oral o escrito, público o privado, que desacredita, quita o menoscaba la buena fama u opinión de una persona, pone la persona en bajo concepto, le hace perder crédito, fama y estima, daña su reputación y valor, provoca su menosprecio.
Calumniar es acusar falsa y maliciosamente a una persona en su reputación, atribuirle hechos condenables, en palabras o actos, intenciones deshonrosas para alevosamente causarle un daño, es hablar mal de una persona, por eso se dice que la calumnia es el arma de los cobardes.
Injuriar es agraviar, ultrajar, ofender, dañar o molestar el nombre, honor y decoro de una persona.
A punta de mentir, desacreditar, difamar, calumniar, injuriar y menospreciar valores, símbolos y personalidades nacionales se debilita la democracia, sus instituciones y sus dirigentes, y se alientan salidas autoritarias, dictatoriales.
Inducir a perder confianza pública en los dirigentes es conducir a la anarquía, al debilitamiento de las instituciones políticas, incluidos los partidos.
Si se cree que están mal los ciudadanos deben actuar en esos escenarios, los partidos y las instituciones, y producir los cambios que consideren oportunos respecto a la crítica a la que los someten.
El año electoral que vivimos es un magnífico escenario ciudadano para revitalizar las instituciones y los partidos, renovar dirigencias y gobernantes. Si los ciudadanos no lo hacen son corresponsables de la crítica que realizan. Costa Rica no es una nación de personas tontas.
En las redes sociales mediáticas existen difamatorios, calumniadores, mentideros, mentirólogos, criticones, critiquizadores, criticastros e injuriadores mediáticos, es decir, sitios de encuentro y personas que de oficio, incluso en forma anónima ocultando su responsabilidad, difaman, calumnian, mienten, injurian y critican perjudicando honradez, estima, dignidad, buena fama y reputación, honor, virtudes, probidad, integridad y rectitud de las personas, donde no queda santo sin cabeza.
El papel responsable más importante en la crítica política y pública lo tiene la prensa en su conjunto, en abrir espacios de expresión, en los periodistas como agentes investigadores y denunciadores, y los ciudadanos responsables en sus espacios, incluidos los mediáticos, como acicates poderosos de control público de los gobernantes, sobre todo cuando los partidos políticos han renunciado a este control.

Vladimir de la Cruz