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Sábado, 15 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Más gastos que ingresos ¿cómo cambiar esto?

| Viernes 25 julio, 2014



El Gobierno actual sin duda tendrá que tomar medidas que quizás desaten una tormenta de críticas y presiones, que los gobiernos anteriores evadieron permitiendo que se produjera el actual desequilibrio entre ingresos y gastos


Más gastos que ingresos ¿cómo cambiar esto?

El tema del déficit fiscal es recurrente y no podrá dejar de serlo hasta tanto no sean una realidad las medidas que se tomen para cobrar bien los tributos de todo tipo y se baje el gasto, de modo que el país no deba seguir aumentando la peligrosa deuda externa que inició el Gobierno anterior.
Después de eso, quizás pudiera surgir la posibilidad de comenzar a discutir un plan de reforma fiscal que se considere justo.
Es necesario recordar que después de la administración de Abel Pacheco, que le dejó a la de Óscar Arias las arcas del Estado llenas, las políticas puestas en práctica no han sido otras que las de aumentar constantemente el gasto público sin hacer nada por cobrar bien los ingresos.
Hubo además un llamado Plan Escudo, para paliar en alguna medida la crisis de 2008, pero desafortunadamente se hizo sin lograr con ello ni un ápice de mejoras en algunos servicios públicos en donde estas eran urgentes.
Veamos un ejemplo. En la Caja, donde se abrieron cerca de 11 mil nuevas plazas las listas de espera y el mal servicio continuaron en los hospitales del sistema de salud que era donde se debieron ubicar dichas plazas para mejorar la atención a los enfermos.
Hoy el país vive solventando su déficit fiscal a base de una “tarjeta de crédito” como el endeudamiento externo que sigue creciendo por variadas causas, entre ellas, el pago de pluses a cierta parte de funcionarios del sector público, que goza de regalías desproporcionadas que deben pagar el resto de los contribuyentes.
Un sector público engordado por el clientelismo, no creció mejorando los servicios sino que se tornó ineficiente por falta de buena administración, de adecuados controles y en algunos casos despilfarro.
La situación hoy es grave y urgente de resolver pero nada fácil. El Gobierno actual sin duda tendrá que tomar medidas pero se verá envuelto probablemente en una tormenta de críticas y presiones que los gobiernos anteriores evadieron permitiendo que se produjera el actual desequilibrio entre ingresos y gastos.
Gobernar de forma relajada, sin preocuparse por el mencionado desequilibrio que venía asomándose hasta mostrar toda su nefasta imagen, fue probablemente cómodo, pero dio origen a un problema que nunca debimos tener y que ahora nos agobia.
Estas miradas hacia atrás son necesarias porque si no aprendemos de las malas experiencias corremos el riesgo de repetirlas.
No perdemos la esperanza de que puedan surgir fórmulas que comiencen a enderezar la situación de la hacienda pública, para beneficio de todos.