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Lunes 25 Mayo, 2015

Vivir en obra gris

Hace unos años escuché una conferencia magistral de Edgar Mora, alcalde de Curridabat y urbanista diplomado en Harvard, en la que me impactó una extraordinaria afirmación: “Las personas terminan acostumbrándose a vivir en obra gris”. La afirmación del alcalde se refería a cómo los costarricenses se han acostumbrado a vivir en ciudades sin terminar. Ciudades a las que les faltan acercas, pasos peatonales, papeleras, paradas de bus, etc. Ciudades planificadas que, por falta de fondos o de voluntad política, nunca se terminaron.
A pesar de ese estado de “obra gris” de las ciudades, los ciudadanos se han acostumbrado a esa normal anormalidad. No echan en falta ninguno de los elementos normales de una ciudad acabada. Nos parece normal que no existan aceras para pasear o iluminación nocturna. Esa maraña de cables forma parte del paisaje de nuestras calles. No nos impacta ver un cable colgando y rozando el techo de nuestro carro.
Esto que vemos en nuestra ciudad, la que sea, todos los días, aplica para Costa Rica entera como país. Nos hemos acostumbrado a tener un país sin infraestructura. Nos parece normal tardar más de una hora en atravesar la ciudad cualquier día sea hora pico o no. Hemos asumido como bien empleadas las más de tres horas y media que se tardan en recorrer los apenas 200 kilómetros que separan San José de Liberia.
Visitar una playa en Guanacaste nos toma unas cinco horas en carro, corriendo no pocos riesgos en carreteras sin señalización adecuada, llenas de huecos y atestadas de camiones, pero eso es normal. Como normal parece no contar con un transporte público eficiente que conecte las principales fuentes de empleo del la GAM con los hogares de cientos de miles de costarricenses. Normal es que haya cortes de electricidad y agua dos veces al mes o que no seamos capaces de mantener una conversación telefónica por más de tres minutos.
Nadie se rebela, nadie reclama ante los poderes del Estado, en las redes sociales, en las mil y una formas de expresión que tiene el ciudadano del siglo XXI. Nos hemos acostumbrado a vivir en un país en obra gris, con ciudades a medio hacer, con carreteras, puertos y aeropuertos planificados en los años 80, y sin terminar.
Al fin y al cabo a las clases pudientes siempre les queda Miami, o cualquier otra ciudad de Estados Unidos o Europa, a la que ir a darse —como dijo alguien en otro foro— “un baño de primer mundo” dos o tres veces al año. Y a los menos afortunados conformarse con un “peor están en Nicaragua”, tan cerca pero tan lejos de esta nuestra presunta Suiza Centroamericana.
Seguimos señalando a los políticos de no hacer nada al respecto. Pero entre acusaciones de corrupción, cada vez que alguien da un paso hacia la construcción de una nueva carretera, y prioridades de alto impacto político y nula aportación a nuestra vida diaria, van pasando los años, las administraciones, los gobernantes. Mientras, los ciudadanos cada día nos acostumbramos, con más resignación si cabe, a esta forma de vida en obra gris que decía el alcalde. ¿Lo vamos a seguir permitiendo?

Francisco Avilés
Economista