En lo que llevamos del mes de agosto, Costa Rica vivió una secuencia de eventos que invita a reflexionar. Primero, la Contraloría General de la República advirtió que el país mantiene un enfoque predominantemente reactivo para gestionar el riesgo en infraestructura. Días después, lluvias intensas provocaron el cierre simultáneo de varias rutas estratégicas hacia el Caribe y llevaron a una nueva declaratoria de emergencia. Esa sucesión de hechos no demuestra una relación de causa y efecto, pero sí deja una pregunta abierta que merece atención.