David Gutierrez

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Martes 12 Julio, 2011


¿Y los temas pendientes?


El director del Banco Mundial para Centroamérica manifestó recientemente que los costarricenses somos personas muy abiertas a discutir nuestros problemas con otros y, además, que somos severamente autocríticos. El punto medular de este funcionario era que los costarricenses tendemos a medirnos y a criticarnos de una forma más fuerte de la que debiéramos, o de la que otras personas lo hacen acerca de sus países.
Lo cierto es que esta apreciación tiene algo de razón.
Tenemos muy buenos motivos para sentirnos altamente orgullosos de los índices y los rankings internacionales del país en temas como salud, educación, democracia y libertad. En las últimas décadas, entre otras cosas, hemos sido capaces de atraer la inversión y la oferta de empleos de alto valor agregado, por parte de empresas del más alto nivel tecnológico e innovador; de multiplicar en más de cuatro veces el número de turistas que nos visitan; de elevar en más de seis años nuestra expectativa de vida; y de multiplicar el PIB en más de cinco veces. Todo esto ha sido posible al abrir nuestra economía al mundo, con respeto y protección al medio ambiente; pero además soportando el embate de cientos de miles de inmigrantes ilegales y en medio de varias crisis económicas mundiales.
No obstante lo anterior, debemos reconocer que existe una serie de temas en los que nos quedamos peligrosamente rezagados, no solamente al compararnos con el mundo, sino con otros países de América Latina.
Una posible explicación es que los dejáramos de lado al centrar nuestra inversión en las áreas en que nos ha ido bien.

Otra, el que en los últimos años nuestra democracia se ha vuelto disfuncional; consecuentemente se hace muy difícil y frustrante tomar decisiones o lograr acuerdos en “temas país”. Lamentablemente, algunos representantes de la clase política han ido perdiendo la capacidad de debatir y transar. Se han vuelto intolerantes, mezquinos y poco solidarios. Se han concentrado en el proceso, en lugar de hacerlo en el resultado. En el escándalo, no en el logro real.
Dos de estos “temas país” en los que es urgente un acuerdo entre partidos políticos y poderes del estado, son la seguridad y la infraestructura. Los políticos y gobernantes tienen que entender que sin seguridad, tanto para las personas físicas como jurídicas, no hay ranking o indicadores socioeconómicos que importen. Pocos gerentes de empresas multinacionales o turistas quieren residir o vacacionar en un país inseguro o violento, y pocos inversionistas extranjeros querrán invertir en un país en el que las leyes existen pero no se aplican, o se aplican a destiempo. Desde luego, esto tampoco lo queremos los costarricenses o los inversionistas locales.
De igual forma, nuestra infraestructura vial y portuaria es vergonzosa. No puede ser que mientras la flotilla vehicular de nuestro país se duplica, el número de kilómetros de carreteras permanezca casi inalterado. En consecuencia, el colapso vial es evidente. El costo en términos de dinero y de vidas humanas por la mala infraestructura es una terrible realidad para todos. Adicionalmente, nuestra infraestructura portuaria es lamentable. Es difícil explicarse el impresionante aumento en nuestro comercio exterior, con las condiciones materiales y administrativas del puerto de Moín.
Pareciera que hacer un listado de “temas país” no es complicado para nadie. Los problemas son cada vez más visibles. El reto principal es lograr un cambio de mentalidad en cierto sector de la clase política para que, como país, avancemos al ritmo que lo hemos hecho en otras áreas. Debemos hacerles entender, en palabras de Winston Churchill, que “un político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones”.

David Gutiérrez
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