Nuria Marín

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Lunes 17 Mayo, 2010


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Wall Street, un día de miedo

Era un día como otros en Wall Street. En el ambiente se respiraba un aire de preocupación con motivo de la crisis en Grecia. La incertidumbre, ante las dificultades y el tiempo tomado por la Unión Europea en negociar un necesario paquete de rescate, había cobrado en el día una caída en el indicador Dow Jones de 300 puntos.
Aparte de este tema, no había otras variables ni temas de preocupación. Sin embargo, alrededor de las 2.30 p.m. todo cambió. En tan solo 15 minutos se desató una abismal caída de pánico de 998,5 puntos (9,2%), la más grande pérdida en un mismo día en el DJI en su historia.
A una semana de lo sucedido, se desconoce con certeza qué o quiénes han sido los responsables de lo sucedido. En corrillos se refieren al hecho como un posible “fat finger,” un error humano en el ingreso de una transacción en el que en lugar de marcar una m (millones) se utilizó una b (billones).
Otros hablan de una combinación del error humano con un fallo en los sistemas de cómputo, que en un sistema cada vez más complejo y de millonarias transacciones muchas de ellas totalmente automatizadas desataron una espiral de ventas que se alimentaba a sí misma, haciendo trizas en minutos el valor de las acciones.
La pregunta del millón, ¿por qué no operó el sistema de freno automático? De acuerdo con las reglas del NYSE se requiere una pérdida de al menos el 10%. Además, después de las 2.30 p.m. el mecanismo no opera.
Dichosamente el mercado se “recuperó” igualmente en tiempo récord, teniendo al final del día únicamente una pérdida de 347.80 puntos. Desconozco cuánto dinero se perdió por la situación pero especulo que fueron millones, pese a la anunciada cancelación de algunas de las transacciones realizadas durante los minutos de mayor caída.
Que suceda una situación como esta, en momentos en que apenas damos los primeros pasos luego de la peor crisis desde la Depresión con una alta volatilidad en los mercados, da miedo pensar que tan solo una persona o la automatización de procesos puedan desatar situaciones que pueden suscitar pánico.
Sin lugar a dudas, lo sucedido va a desatar una serie de investigaciones para detectar con certeza lo realmente sucedido. Esperamos que también se hagan férreos esfuerzos en señalizar a los responsables en una escurridiza industria. Juega a favor que Wall Street está bajo la lupa del pueblo (Main street) y del gobierno ante lo sucedido en el mercado hipotecario subprime.
Lo que sí es cierto es que esta experiencia, así como lo sucedido en el mercado inmobiliario estadounidense, demuestran la necesidad de mayor transparencia del mercado, mayor regulación y monitoreo de los mercados automatizados y la incorporación de nuevas reglas que garanticen mayor seguridad.
El tema nos concierne a todos. En un mundo con una economía tan conectada e interdependiente debemos evitar a toda costa que Wall Street se convierta en el epicentro de una nueva crisis global.

Nuria Marín