Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 10 Febrero, 2012


Vigorizando la democracia

Considero que en estos momentos que está viviendo Costa Rica, vigorizar y profundizar nuestro sistema democrático constituye una impostergable tarea que a todos los hijos nos compete. Dichosamente, ya hay signos de que nuestro pueblo así lo está comprendiendo. Analicemos algunos hechos.
El primer paso en este sentido lo dio la conformación el pasado Primero de Mayo de la alianza de cinco partidos, que logró lo que parecía hasta ese momento algo impensable: acabar con la hegemonía de Liberación en el control del Primer Poder de la Nación.
A quienes adversan la Alianza se les olvida que lo que une con frecuencia no son las coincidencias programáticas o ideológicas sino el adversario común. Creo que la Alianza ha sido, a pesar de sus vicisitudes, una experiencia exitosa; ha renovado el quehacer político al obligar al gobierno y su partido a discutir de igual a igual la agenda que rige al ejercicio real del poder.
Además, como demuestran las encuestas, la mayoría está de acuerdo con la Alianza. La razón es muy sencilla: el costarricense no quiere que tengamos un PRI A LA TICA. Y eso es lo que, sospecha, pretende Liberación.
No se trata de algo nuevo en nuestra historia. Basta con recordar lo que pasó en la década de los 40 con la llamada “alianza inverosímil”. Es el caso de esta índole más importante en nuestra historia por los efectos transformadores en la Costa Rica contemporánea, pues hizo posible la creación del Estado Social.
La alianza que hicieron en 1942 el Gobierno de Calderón Guardia, la Iglesia de Monseñor Sanabria y el Partido Comunista de Manuel Mora, no era ideológica sino para realizar una meta muy concreta: lograr la reforma social.
La limitante que veo en estas alianzas es que se dan tan solo en las cúpulas de poder. Es necesario que haya un movimiento de masas (“los indignados” ticos) en las calles para que muchas cosas cambien.
Algunos partidos están en crisis, como lo prueban los “escándalos” causados por el abuso en los recursos de la “deuda política”. Pero pienso que el mayor deterioro está dándose en los gobiernos locales.
El caso de Pérez Zeledón podría no ser el único. El pueblo ha dado allí su respuesta. Siguiendo su aleccionador ejemplo, los costarricenses debemos ir construyendo una democracia más participativa hasta lograr que ningún puesto de elección popular sea considerado como una patente de corso.
El poder de quien ha sido elegido es delegado y solo el Soberano es de manera indeclinable su fuente y su sustentación. Ya no debe haber puestos fijos en ningún nivel del gobierno, comenzando por lo más cercano que son los alcaldes hasta llegar a las cúpulas, lo que incluye a los magistrados.
Porque la democracia es algo más que una fiesta de domingo cada cuatro años.

Arnoldo Mora